Vive en la actualidad en el Lago Titicaca y en sus alrededo­res uno de los pueblos más anti­guos de la tierra cuyo origen apa­siona desde hace años a los estu­diosos. Son los uros, apasibles y taciturnos pescadores, que lle­van, también, una de las vidas más extrañas que pueda llevar pueblo alguno.

A los uros se les considera un pueblo en vías de extinción, secularmente confinados a las inmediaciones del gran lago y dedicados a la pesca y a la siem­bra de papas y otros tubérculos en sus sorprendentes islas artifi­ciales.

Son gente callada, introverti­da, indolente e indiferente a los problemas o sucesos de otros pueblos, con los que son poco afectos a vincularse, llevando habitualmente una vida silen­ciosa y poco sociable.

Los hombres se dedican habi­tualmente a la pesca, lanzando sus redes desde balsas de totora, que maniobran con increíble des­treza. Luego, las mujeres jóve­nes van a los pueblos cercanos a vender el pescado fresco que no consumen y las de mayor edad quedan en sus islas ahumando el pescado que conservan para sus épocas de escasez, tarea que deja el característico y desagradable’ olor que domina el ambiente en que viven.

En determinadas épocas del año se juntan sus hermanos de raza que viven en tierra para celebrar sus fiestas .religiosas. Fuera de estos momentos de expansión, los demás días conti­núan viviendo en inalterable monotonía.

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