Un inmenso^mar de agua dul­ce en perpetuo movimiento divide casi en dos partes al conti­nente sudamericano formando el más grande caudal de agua del mundo y el segundo por su longi­tud. Es el río Amazonas, que nace en el Perú y se alimenta de uno de los más extraordinarios sistemas hidrográficos que hay sobre la tierra.

Por qué se llama así, es cosa que no está debidamente esclare­cida. Para muchos debería lla­marse Orellana, en homenaje a su descubridor. No fue sin embargo al primer europeo que contempló las aguas del cauda­loso río, pues en 1500, Vicente Yáñez Pinzón, uno de los compa­ñeros de Colón en el viaje del descubrimiento, llegó hasta su desembocadura, pero creyó que se encontraba ante el Ganges en la India. La versión más difun­dida es la de que Orellana tuvo que hacer frente en su expedición a una tribu de aguerridas mujeres y por eso bautizó con el nombre de Amazonas al gran río de la región en las que las había com­batido.

El cauce del Amazonas varía en anchura entre 4 y 6 mil metros y en su desembocadura en el Atlántico forma un estuario de 400 kilómetros, penetrando sus aguas hasta 150 kilómetros en el mar. Su profundidad alcanza en algunos puntos hasta 240 metros. Su volumen en la época de estiaj e baja hasta situarse entre 80 y 90 mil metros cúbicos, pero en tiem­pos de creciente alcanza hasta

300,0              metros cúbicos por segundo, llegando a ensancharse su cauce hasta ocho kilómetros en algunos puntos.

En gran parte de su recorrido, el Amazonas no tiene un cauce definido sino que está formado por un conjunto de pequeños cursos que forman una red de canales, con numerosas islas, principalmente en los puntos de confluencia con sus numerosos afluentes. Como consecuencia se forman también en todo su tra­yecto numerosas ciénagas, pan­tanos y laberintos de canales. En estos lugares existe una vegeta­ción característica, abundante y entre ella con frecuencia llaman la atención sus bellas flores.

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