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LA CASONA DE TORRE TAGLE

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Entre los monumentos arqui­tectónicos que ha dejado la Colo­nia en Lima, destacan por su belleza y proporciones la man­sión Torre Tagle, en la que fun­ciona desde hace varias décadas el Ministerio de Relaciones Exte­riores. Monumento clásico de la arquitectura colonial . limeña, presenta una fachada asimétrica con una portada labrada en pie­dra, en cuya parte superioi des­taca el escudo de la familia Torre Tagle, en el que reza la leyenda “Tagle se llamó a quien a la sier- pre mató y con la infanta Casó”. Dos hermosos balcones de estilo morisco tallados en madera ador­nan la segunda planta haciendo resaltar la asimetría de la facha­da, pues uno, el de la derecha, tiene tres tramos y el de la izquierda siete. Los dos están completamente cerrados por celosías. Las ventanas de la planta baja son amplias y la seve­ridad de los barrotes de hierro forjado contrasta con el recar­gado estilo de los balcones.

El zaguán presenta cuatro ar­cos rebajados esculpidos en pie­dra con piso también de piedra y en los patios y pasadizos de los i n teriores. Este zaguán lleva al pri mer patio, amplio y luminoso, concebido, como el centro vital de todo el conjunto arquitectóni­co que gravita hacia él. Le dan extrordinaria vida las balaustra­das del corredor de la segunda planta que circunda todo el patio, así como el singular estilo de las columnas que no se advierte en otras construcciones limeñas, agrupadas por pares y formando grandiosas arquerías.

Es notable igualmente el arte- sonado de los techos de madera, tanto en los corredores que cir­cundan el patio, como en los salones y habitaciones del inte­rior.

Un pasadizo por el lado iz­quierdo conduce al segundo patio, donde en los tiempos pasa­dos, estuvieron agrupados los servicios de la casa, caballerizas, cocheras, etc. En toda esta parte están los muros igualmente cubiertos de azulejos de bello colorido.

Del patio se llega a la planta alta por una espaciosa escalera en cuya entrada destaca también una hermosa portada.

Atrae a los visitantes el era- torio de madera tallada y dorada al fuego, de definido estilo chu­rrigueresco, en el que se veneran las imágenes de Santa Rosa de Lima y de San Martín de Porres,

asi como de San Francisco’ Solano y el Beato Juan Masías.

La mansión Torre Tagle, tuvo en el siglo pasado entre sus valio­sas obras de arte, la famosa pina­coteca Ortiz de Zevallos, de la que aún se conservan algunos cuadros, inclusive uno, “Retrato de un viejo Rabino”, que se atri­buye a Rembrandt.

Esta famosa mansión limeña fue edificada a principios del siglo XVIII por Don José Ber­nardo de Tagle y Bracho a quien en 1730 dio al Rey Felipe V el título de Primer Marqués de Torre Tagle. Había nacido en Santander, hizo una meritoria carrera militar que lo llevó a par­ticipar en muchas expediciones en el continente y finalmente fue designado Pagador Perpétuo de la Real Armada en el Callao. Era casado con doña Juliana Sánchez de Tagle y al morir en 1840, a los 96 años de edad, le sucedieron en la propiedad de la histórica casa Tadeo de Tagle y Bracho, don José Bernardo de Tagle y Porto- carrero, Presidente de la Repú­blica, a quien heredó su hija doña Josefa de Tagle y Echevarría que casó con don Emilio Ortiz de Zevallos.

Los hijos de este matrimonio heredaron la propiedad, que el Estado compró por escritura pública el 27 de junio de 1918 para local del Ministerio de Rela­ciones Exteriores, pagando el precio de 320,000 soles.

LA CASA DE LA INQUISICION

La pequeña plaza en la que se perpetuaría el nombre de la Inquisición hasta nuestros días, era por la época en que se tras­ladó allí el Tribunal del Santo Oficio, centro de la vida universi­taria, pues allí funcionaba la Uni­versidad de San Marcos.

Lo más notable de lo que se conserva en la actualidad es la que fue Capilla del Santo Oficio no tanto por un metro de espesor, cuanto por. el valioso artesonado de su techo, una de las más notables reliquias del arte colonial en el Perú. Se afirma, que aunque no está comprobado, que este finísimo trabajo de talla en madera y la construcción de todo el techo sin un solo clavo, fue realizada por los presos que estaban recluidos en las celdas del lóbrego edificio y que para terminarlo se demoraron más de cuarenta años.

Se conserva también la cámara secreta en la que se reunían los inquisidores para dar sus fallos y en la que se encontraba el famoso Cristo de tamaño natural cuya cabeza era movida por medio de una cuerda, haciéndose creer así a ingenuos e incautos que Dios aprobaba las decisiones de los fanáticos integrantes del Santo Oficio. Existe aún la decoración mudéjar de esta sala, así como la puerta tallada, llamada también “del secreto”, que comunicaba con un corredor por el que se lle­gaba a las sombrías prisiones subterráneas del local y a la sala de torturas.

Una gran parte del sector des­tinado a cárceles y salas de tortu­ras

quedaba en la parte que ocu­pan en la actualidad los cuarteles de bomberos vecinos; y en la misma esquina de la calle Puno, que ha sido también transforma­da, vivía el Alcaide que tenía a su cargo las prisiones.

Es muy poco lo que se sa­be acerca de los instrumentos de tortura que había en la sala de tormentos porque a ese lugar, que se mantenía en el mayor secreto, solamente tenían acceso los miembros del Tribunal y los legos dominicos llamados “tomi- ceros” encargados del manejo de los aparatos de suplicio, todos bajo juramento de no hablar nunca de nada de los que allí viera u oyera. Y todo, incluso el Cristo fue destruido cuando el pueblo asaltó la casa de la Inqui­sición.

Existe aún, aunque no en muy buen estado de conservación, parte de los calabozos subterrá­neos y el pasaje secreto, también subterráneo, que comunicaba directamente el sector de prisio­nes con la casa del inquisidor de más alto rango, según unos, y de mayor antigüedad, según otros, que quedaba en la esquina de la calle Trapitos. En la parte del patio que existe se ve la placa colocada en el lugar en que fue asesinado Manuel Pardo, ex- presidente de la República el 16 de noviembre de 1878

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