Santo Domingo es el centro de más antigua tradición intelectual en el Perú y su actividad religiosa fue una de las más influyentes en la Colonia.

En el convento de Santo Do­mingo se fundó la primera Uni­versidad de América, como es la de San Marcos; se fundó el Cole­gio de Santo Tomás, que con más de trescientos años es el de mayor antigüedad en el país; se formó una brillante pléyade inte­lectual de memorable actuación en la vida virreinal; en sus claus­tros vivió San Martín de Porras, cuya tumba, así como la de Santa Rosa de Lima, se conservan allí.

Este Convento y su iglesia contigua son otra de las joyas arquitectónicas que la colonia ha dejado en el Perú.

La iglesia de Santo Domingo, cuyo verdadero nombre, aunque menos usado, es Basílica del Rosario, es uno de los templos más hermosos de Lima antigua. Los lisos y elevados muros de su frontis y su sencilla portada con­trastan con la elegancia de su monumental arquitectura inte­rior. Su torre sigue siendo en nuestro tiempo uno de los luga­res más elevados de la ciudad.

Sucede con esta iglesia, así co­mo con toda la obra del Con­vento en general, lo que con la mayoría de las construcciones coloniales que a causa de los constantes terremotos han sido sometidas a amplios trabajos de reparación en los que se han agregado a las construcciones originales, elementos arquitec­tónicos en boga de acuerdo con los gustos de cada época. Como otros templos, Santo Domingo ha sufrido pues muchas variacio­nes a través del tiempo.

La obra fue terminada hacia fines del siglo XVI, bajo la direc­ción de Fray Salvador de Rivera, hijo del primer Alcalde de Lima y según anota el cronista Lizárra- ga, “Quedó tan bien acabado que en Indias ninguna mejor”.

Santo Domingo está conside­rada como la iglesia más caracte­rística de estilo gótico en nuestra arquitectura colonial, pero no del gótico de las catedrales euro­peas sino de un gótico de expre­sión mudéjar, al que aquí se le incorporan, además, otros ele­mentos típicos y característicos de la arquitectura colonial perua­na.

El terremoto de 1940, que causó un fuerte estrago en esta iglesia, obligando casi a la reconstrucción total de la torre, puso al descubierto, al lado de esta, un tipo de construcción que se considera es una de las obras de arquitectura más antiguas que subsisten en Lima.

En los espaciosos y hermosos claustros del interior del con­vento predomina el barroco con marcadas influencias moriscas, que se manifiestan en los zócalos de azulejos y en el artesonado de parte de sus ventanas. Los ámplios patios rodeados con arquería de medio punto son amplios y elegantes, iluminados y apacibles y ofrecen la agradable vista de sus jardines bien cuida­dos.

Uno de los lugares más dignos de visitar es la biblioteca del con­vento, no sólo por el valor de las obras que se conservan en sus anaqueles sino por el maravilloso artesonado de su techo, que es, sin lugar a dudas, uno de los tra­bajos de talla más notables que hay en todo el continente.

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