Iglesias y Conventos de Lima: SAN AGUSTIN

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La iglesia y los claustros de San Agustín tienen la más acciden­tada historia y como consecuen­cia sus contrastes resultan des­concertantes para el visitante, pues el interior del templo es en realidad algo muy distinto a lo que prometen su fachada y sus venerables muros exteriores. Es también el templo con el que más desaciertos se han cometido en las numerosas restauraciones que ha tenido en su larga vida.

A esta época, fines del siglo XVII, correspone la hermosa portada del templo, cuyos tres cuerpos originales han sido ínte­gramente levantados con piedra tallada. El conjunto original era de gran equilibrio entre la puerta romana en arco de medio punto y las proporciones de la monu­mental portada que terminaba en adecuado remate, conforme al estilo de la época. En las hornaci­nas situadas en los espacios que quedan entre las columnas, hay diez imágenes, además de la de San Agustín, que está al centro. En la refacción que se hizo a prin­cipios de siglo, con equivocado criterio estético, se le agregó un cuerpo a la portada, con una gran ventana redonda que se ve extraña y en desarmonía con el resto de la obra.

A fines del siglo pasado, la iglesia se encontraba nueva­mente en muy malas condiciones y a ello se sumaron los daños irre­parables ocasionados en 1895 por efectos de la artillería con que los caceristas se defendían de los pierolistas.

Al comenzar este siglo surgió el más desafortunado proyecto de restauración, felizmente incompleto en su realización. Del templo antiguo sólo han que­dado el frontispicio y los muros laterales.

De San Agustín, quedan como obras de gran valor histórico y artístico la portada de piedra, el rico artesanado de madera de la sacristía y la antesacristía, su colección pictórica y el patio principal del claustro con bellos portales convertidos hoy en cen­tro comercial.

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