en las últimas décadas el interés de los católicos limeños por Santa Rosa y la casa en que habi­tó, motivo por el que se hicieron trabajos de arreglo y conserva­ción en el inmueble, que conti­núa siendo convento de los misioneros dominicos.

• Es lo que tradicionalmente se llama Santa Rosa de los Padres, como se denomina Santa Rosa de las Monjas al Monasterio esta­blecido en el lugar donde murió, en el jirón Miró Quesada. Anti­guamente se les conocía como Santa Rosa la Vieja y Santa Rosa la Nueva, respectivamente.

Formando parte de la antigua construcción que fue la casa de Santa Rosa, está la pequeña igle­sia conocida como el Santuario de Santa Rosa, recortada hace unos años con motivo de la aper­tura de la Avenida Tacna. Los lugares de mayor interés que se conservan en el inmueble, son la habitación de Santa Rosa, con la ventana ante la cual se sentaba a bordar y el sitio en que había hecho un pequeño altar en el que se postraba largamente a orar. Tiene algunos muebles que se atribuyen a la época en que ella ocupaba el recinto.

En el jardín, despejado ya de sus antiguos árboles, pues ante- riomente fue un huerto, llaman la atención y son objeto de la mayor atracción para el público la ermita y un pozo, que actual­mente se encuentra seco. La Ermita es una pequeña habita­ción de adobe construida perso­nalmente por Santa Rosa, pese a su delicadeza física. Fue el lugar de retiro en el que por muchos años se dedicó a la oración y a todas clases de tormentos físicos que ofrecía como sacrificio a Dios. Muchas de las leyendas que desde su muerte se le atribu­yen a la Santa limeña, como sus diálogos con los animales que se acercaban a la Ermita o los momentos de éxtasis en que se dice tuvo proféticas visiones, tie­nen como escenario esta pequeña celda.

En la actualidad la Ermita está cubierta de lunas para evitar que los buscadores de reliquias la sigan deteriorando, como por muchos años sucedía, además de los naturales estragos que ha sufrido con el transcurso del tiempo.

Parte de estos lugares venera­dos por la tradición de Lima forma el pozo que también está en el jardín. Miles de personas desfilan ante este pozo el 30 de agosto, día de la festividad de Santa Rosa, arrojando mensajes escritos y con fe en que les serán concedidas las gracias que solici­tan. La extensión que tienen en la actualidad estos lugares no es la que en un principio era propia­mente la casa que destruyó el padre de Santa Rosa, que era un inmueble muy modesto.

El Puente de Piedra

No obstante la dureza con que han sido tratadas por el tiempo y
« El puente de Piedra es el más venerable de los puentes limeños y a su tradición histórica une su recia construcción, considerán­dosele una de las más solidas estructuras que ha dejado la arquitectura colonial en Lima, aunque hoy, en tantos años de duro e ininterrumpido batallar con las impetuosas arremetidas del Rímac comienza a temerse a causa de los daños que están sufriendo sus estribos.

Varios puentes cruzan hoy el río por diferentes puntos de la ciudad. Pero antaño, por más de dos siglos y medio, el Puente de Piedra fue el único nexo entre ambas riberas del río. No es sin embargo, el primer puente cons­truido en ese sitio. Poco interés tuvieron en realidad los españo­les por pasar al otro lado del río en los primeros años de Lima. Debieron pasar más de diez años para que se colocara el primer puente, que fue hecho con beju­cos y al estilo de los puentes indios, en 1549.

El Virrey Marqués de Montes- claros decidió en 1608 construir otro puente y mandó hacer éste que ahora conocemos, cons­truido por el “maestro de gran­des fábricas” Juan del Corral. Tiene 88 metros de largo, 14 de ancho y 7.5 de altura y, está sos­tenido por sólidos pilares de pie­dra. Cuando fue entregado al servicio no tenía barandas de fie­rro sino unos muros de piedra.

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