El más importante monu­mento religioso colonial que con­serva Arequipa es el Monasterio de Santa Catalina, cuya mole de sillar ocupa un área de 20,426 metros cuadrados, en la calle del mismo nombre.

Anchísimas paredes de gran altura y grandes contrafuertes a manera de estribos en sus muros, le asemejan a una muralla de pie­dra volcánica, cuya ceremonia de fundación se efectuó el domingo 2 de octubre de 1580, después de más de 20 años de gestiones, pro­yectos y recolección de dinero para realizarla.

Su interior conforma un ver­dadero barrio de la Arequipa colonial, con las callejuelas que muestran varios estilos arquitec­tónicos, habitado por las monjas de clausura; y una pequeña pla­zoleta en cuyo centro se levanta una pileta. Cada calle tiene su nombre, y así tenemos la de Sevi­lla, Granada, Burgos y Toledo, que hasta ahora guardan casi su primitivo aspecto.

 

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