Dice un viejo Refrán Español, aquello de: “TODO PUEBLO PRESUME DE TRES COSAS: EL AGUA, LAS CAMPANAS Y EL CURA QUE MURIO”; pero siendo sinceros pocos pueblos y ciudades en nuestro País y en el Continente, pueden jactarse de tener una Campana como Nuestra María Angola. Cuyo Nombre primigenio con que el que fue cons…agrada es “ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA”.

 

Las campanas, en tamaños más pequeños o campanillas, eran usadas por los pueblos egipcios y asiáticos desde la antigüedad. Los romanos les dieron el nombre de “tintinábula” y los cristianos las llamaron “Signum” porque servían para señalar o avisar la hora de las reuniones y convocar a los fieles. El Papa Esteban II (752-757) fue el primero en erigir un campanario con tres campanas (campanae) en la Basílica de San Pedro y a partir de entonces la costumbre se difundió. Es a partir del siglo VIII que se comenzaron a construir las torres de las iglesias, con el propósito expreso de colgar las campanas en ellas. Hasta el siglo XIII las campanas fueron de reducidas dimensiones, debido a las dificultades existentes. Y es a partir de este siglo que se comienzan a fundir campanas de mayor tamaño. En general se atribuye el nombre de “Campana”, a la Campania (Italia), por haberse empezado a fundir allí las campanas más grandes y de mejor calidad.

 

Entre los años 604 o 606 se mandó que en todas las iglesias católicas, se colocaran campanas que tocasen en los Divinos Oficios, misas solemnes y festividades. En la Misa Mayor (celebrada en las Catedrales, los domingos o días festivos de mayor solemnidad) al alzar la Hostia, se tocaba la campana más grande del campanario, en cumplimiento de la disposición de Gregorio IX, en 1240, para que los fieles que no estén en la Iglesia, hagan una pausa recen con reverencia y pidan a Dios. Tiempo después una disposición canónica ordeno que las catedrales tengan cinco o más campanas; las parroquias dos o tres; y las Iglesias de Ordenes mendicantes, una.

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El elevado coste de la fundición de una campana, y la obtención de esta por una determinada ciudad, era un indicador de bonanza y prosperidad de una determinada población; lo cual quedó plasmado en un conocido refrán hispano: “Donde hay Campanas, hay de Todo”. Porque si una Ciudad ostentaba una buena Campana, era porque en aquella Ciudad existía gran actividad económica que permitía gasto tan elevado.

 

El lunes 11 de marzo de 1560, se realizó la colocación de la primera piedra para la edificación de la actual Catedral del Cusco, se utilizaron piedras procedentes de áreas cercanas y también se reutilizaron bloques de Granito Rojo traídos desde la fortaleza de Sacsayhuamán. Las obras de construcción concluyeron en julio de 1654:

 

… quedando sin cerrar las bóvedas de las torres para la instalación de las campanas, principalmente la Campana Mayor cuya fundición e instalación se tenía meditado. En esta forma se tiene que la construcción de la Catedral del Cusco duro largos 94 años. (Historia del Cusco – Dr. Víctor Angles Vargas).

 

La Orden Jesuita arribo al Cusco en 1571, ese mismo año fundan el Colegio de la Transfiguración del Señor (el Primer Colegio del Cusco) e inician la Construcción de la Iglesia de la Compañía de Jesús sobre el antiguo “AMARU KANCHA”, al tiempo que crean la Capilla de Indios bajo la Advocación de Nuestra Señora de Loreto. La iglesia resulto ser de las más bellas e imponentes del Perú, llegando a ser la mayor que tenía la Compañía en el Perú. La construcción fue posible gracias a la ayuda de enormes contingentes de indios agrupados y organizados alrededor de la Cofradía del Niño Jesús (El famoso Niño Jesús Inca).

 

El devastador terremoto de 1650, trajo al piso la primigenia Iglesia de la Compañía. Los sacerdotes Jesuitas decidieron reedificar su Iglesia proyectándola mayor y más alta, con una Campana de 100 quintales. El proyecto de la Compañía despertó recelo del Cabildo Eclesiástico, que incluso llegaron a elevar oposición a la obra ante el virrey, siendo el fallo favorable a la Compañía. Llegando el Obispo del Cusco a apelar ante la Real Audiencia, sin embargo la obra continúo.

 

En 1656, el Cabildo Eclesiástico acuerda la Fundición de la Campana Mayor para la Catedral, la cual debería ser de 130 quintales y así superar a la proyectada Campana Mayor de la Compañía. Fue recién al tercer intento que la Fundición de la Campana Mayor de Catedral tuvo éxito; la Fundición definitiva fue en 1659.

 

Era una costumbre extendida desde el siglo XI, el darle nombre y asignar a las campanas a un patrón particular, el cual generalmente aparecía descrito en la epigrafía de la Campana. Tiempo después esta costumbre se institucionalizo y dio lugar al rito de “Consagración de las Campanas” el cual esta detalladamente descrito en el Pontifical Romano, en los Números 1142 al 1162.

 

El año de 1666 el Obispo Bernardo Izaguirre, en solemne ceremonia, Consagro la Campana Mayor de la Catedral y junto a ella a todas las demás campanas de ambas torres de la Catedral. ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA, el nombre elegido, descrito en el libro cuarto del Cabildo, existiendo incluso en la propia campana una epigrafía con la figura de la “Asunción de María”.

 

Desde su elevación a la Torre del Evangelio de la Catedral y su posterior consagración en 1666, la Campana Mayor de la Catedral, ha acompañado a la Ciudad y su gente siendo su voz y su emoción, y parafraseando al Poeta Cusqueño Alfredo Yépez Miranda:

 

  Nuestra Campana es “…la que da alma a la ciudad. Es mística en el Lunes Santo, es jubilosa en el Corpus Christi, es lágrima cuando dobla, carcajada cuando repica, es clarín de combate cuando toca de arrebato y llama al pueblo, su voz tiene fuerza de romance y envuelve la ciudad…”. Así es, y así será hasta el final de los tiempos, por lo menos eso quisiéramos todos los Cusqueños.

 

LA MARIA ANGOLA: ENTRE EL BAUTISMO ECLESIASTICO Y EL BAUTIZO POPULAR

 

El “verdadero” nombre de nuestra Campana Mayor es: ASUNCION DE NUESTRA SEÑORA, pero todo Cusqueño bien nacido en Nuestra Bendita Tierra, conoce a Nuestra Campana como LA MARIA ANGOLA, y para explicar el origen del famoso sobrenombre se tejen muchas historias, cada cual más elaborada y bella, desde la versión más antigua descrita por Clorinda Matto hasta versiones contemporáneas. Por qué tercamente el Cusqueño se empecino en darle otro nombre a la Campana Mayor no queda del todo claro, aunque años antes el propio pueblo eligió a sus Patrones y dejo de lado a los impuestos por los españoles. Quizá en aquella actitud encontremos respuestas.

 

MARIA ANGOLA LE DICEN, LA CAMPANA DEL CUSCO:

 

… por aquellos años, un rico encomendero español tenía una bella hija llamada María, la cual entro en amoríos con un joven criollo español. Relación a la cual el Padre nunca acepto y se opuso con total intransigencia. Pasados los meses en un arranque de ira el encomendero mando a su hija de regreso a España, esperando que la lejanía logre hacer olvidar el enamoramiento de la bella María. Algunos meses transcurrieron y llego a manos del encomendero una inesperada noticia, su hija había dado a luz y sin previo aviso el encomendero se vio convertido en abuelo. La noticia lo lleno de ira y enfureció contra el causante de su deshonra, tiempo después el joven enamorado apareció muerto y aunque nadie dijo nada todos sabían el autor de aquel terrible echo. Poco tiempo después el amargado encomendero murió, dejando mucha fortuna. La hija, enterada del fallecimiento de su padre decide volver a reclamar su herencia, con tan terrible suerte que durante el viaje muere su hijo, retornando sola al Cusco. Por aquellos días, se planificaba la fundición de la Campana Mayor, ya había fracaso varios intentos previos, y era comentario popular que hacía falta oro y plata para la fundición. María, recién llegada al Cusco, al verse sola tras haber perdido a su hijo, junta sus joyas y los doblones de oro y los lleva a la fundición junto con un esclavo suyo, un negro Angola. Llegando a la caldera, María arroja sus joyas y su Esclavo hace lo propio con un cobre que contenía una arroba de oro puro. La Fundición fue exitosa y la Campana resulto de excelente factura. María luego tomo los hábitos y se enclaustro en el Convento de Santa Teresa, de donde nunca más volvió a salir.

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