Según Ausubel, Novak y Hanesian (1983), el profesor constituye una de las variables que más influye en el proceso de enseñanza y aprendizaje, tanto por el grado de conocimiento de la materia que imparte, como por su estilo para presentar y organizar el material de aprendizaje, o bien, por su capacidad para comunicarse y transmitir valores a los alumnos.

Por su parte Chavero (1999), resume la experiencia señalada por Ausubel al anotar que:

Más importante que el grado de conocimiento de la materia (que actualmente sigue siendo el factor decisivo para la selección del profesorado) posiblemente sean la capacidad para el desempeño de su tarea en situaciones reales en el aula y el pensamiento del profesor como variable mediadora del sistema aula. Aunque para enseñar con éxito es necesario un nivel determinado de inteligencia, a partir de ese punto crítico no se corresponde una mayor capacidad con una mejora en los resultados de aprendizaje de los alumnos.

Es posible que para el desempeño profesional sea el pensamiento del profesor la variable más influyente. Este pensamiento del profesor se organiza en torno a esquemas de conocimiento que guían, aunque no conscientemente, su actuación y donde se incluyen creencias, teorías personales, estrategias, procesos de intervención y evaluación de la enseñanza.

Idea Central

El pensamiento del profesor se organiza en torno a esquemas de conocimiento que guían, aunque no conscientemente, su actuación y donde se incluyen creencias, teorías personales, estrategias, procesos de intervención y evaluación de la enseñanza.

Estos esquemas se agrupan en diferentes configuraciones de reglas, principios prácticos e imágenes (Elbaz, 1988) que le permiten tomar decisiones y resolver problemas con economía de tiempo y de esfuerzo. Estos esquemas de conocimientos pueden considerarse como construcciones que poseen un alto grado de inmutabilidad y una gran resistencia a ser cambiados.

El proceso de planificación de la enseñanza implica de alguna manera explicitar un conjunto de guiones y planes que se convierten en el referente de la práctica educativa, constituyéndose en actividad mediadora entre el pensamiento y la acción. Durante la clase, el profesor se guía por los planes previamente establecidos, lo cual le permite simplificar en cierta forma la realidad del aula. Cuando un profesor detecta un problema tenderá a utilizar aquellas mismas rutinas que tuvieron éxito; en otros casos, no pretenderá resolver mecánicamente los problemas sino que tratará de adaptar sus planes a la nueva situación en un proceso de investigación y reflexión en y sobre la acción para transformarla.

Desde la perspectiva del profesor que reflexiona sobre la práctica y del alumno que va a construir el nuevo conocimiento sobre la base de aquellos que ya posee, se presenta un amplio abanico de estrategias a utilizar en las interacciones alumno-profesor. Estas estrategias, como consecuencia del carácter personal del aprendizaje, probablemente serán diferentes para los diversos alumnos y situaciones, lo que conducirá a una intervención diferenciada desde el análisis que del proceso realice el profesor.

El profesor, como actor del proceso de enseñanza, ha resultado ser una pieza clave para promover la actividad mental del alumno en la construcción del nuevo conocimiento, ya que éste ha de intervenir para activar las ideas previas de los alumnos, centrar sus actividades en la tarea, focalizar su atención e interés, guiar en la asociación de significado a conocimientos aprendidos y en el desarrollo de actitudes positivas en el momento de la clase y en cualquier actividad cotidiana extramuros.

En el caso del paradigma que nos ocupa, la participación del maestro está prevista como facilitador, que discute en una condición más horizontal con el estudiante, el cuál a su vez se encuentra con menos tensiones, ya que no presenta la presión del grupo que lo invita a lograr un avance forzado, pero a la vez coordinado con el resto del grupo.  Por esta consideración y especialmente en la educación virtual –como en la que nos encontramos–, resulta que el estudiante experimenta su propio ritmo en la interiorización de los materiales y (es posible que) el facilitador se encontrará simultáneamente en diferentes “temas del currículo”, dependiendo de cuantos alumnos atienda y de los grados de avance de cada uno.

El profesor, como actor del proceso de enseñanza, ha resultado ser una pieza clave para promover la actividad mental del alumno en la construcción del nuevo conocimiento, ya que éste ha de intervenir para activar las ideas previas de los alumnos, centrar sus actividades en la tarea, focalizar su atención e interés, guiar en la asociación de significado a conocimientos aprendidos y en el desarrollo de actitudes positivas en el momento de la clase y en cualquier actividad cotidiana extramuros.

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