En su momento la técnica de Andrée Charles Boulle revolucionó el mundo de la marquetería. Se basaba en el calado simultáneo de láminas de carey y placas de latón o bronce. En la cara interior del carey se podía aplicar un temple de bermellón o se podía dorar con pan de oro. Para proteger el color se encolaba un papel. Las láminas de latón y carey se preparaban en paquetes de madera sobre la que engomaba el dibujo. Se reconoce que en los muebles del XVIII las piezas estaban bastante separadas por el surco producido por las sierras de calar. Con el tiempo el grosor de las sierras fue disminuyendo gracias a los avances de la tecnología.

El recorte de los materiales en “paquete” producía dos posibles montajes en sendos muebles. El positivo o “premier partie” tenia predominio de carey y ello sumaba valor al mueble (Fig.6). En el negativo o “contre – partie” predominaba el metal (Fig.7)

Aunque muchas veces estos muebles se vendían en parejas, raramente han llegado hasta nuestros días los dos ejemplares juntos.

El sistema de prensado en muebles Boulle se realizaba con chapas o contra – moldes de metal caliente, a ser posible de latón, ya que este no se oxida y no mancha. La característica dilatación de la concha en caliente disminuía el surco de las juntas entre piezas. Se mantenía el prensado hasta su total enfriado y se aseguraba su enfriamiento con un chorro de agua fría.

En sustitución de la concha de tortuga, podemos encontrar muebles tipo Boulle realizados con cuerno laminado y pintado, o materiales sintéticos como el celuloide o algún tipo de acetato (plástico sintético producto de la mezcla de nitrato de celulosa, o piroxilina, con pigmentos y agentes de relleno en una disolución de alcanfor y alcohol. Al calentarse, el celuloide se vuelve flexible y maleable, y puede moldearse en numerosas formas. Una vez enfriado y seco), el material se hace duro.

. Estos últimos aparecen a mediados del siglo XIX y se tratan de tal forma que imitan a la perfección al autentico carey: Este es el caso de “entredós” que nos ocupa. A ello se suma que no se contraen y por tanto no se deforman ni desprenden con tanta facilidad como lo haría el carey orgánico (Figs. 8 y 9).

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