Cuando Hernán Cortés ingreso a la ciudad de Tlaxcala en 1519, iniciando las bellas páginas de la conquista mejicana, encontró que cada casa tenía su almacén de comestibles, que en lengua na-hualt (lengua propia de los aztecas) denominaban cencalli; posteriormente, cuando ingresó a la ciudad de los palacios, a Tenochtitlán, la figura se repitió.

En la sociedad inka, cada casa tenía su marka, o depósito familiar de comestibles, ubicado por lo general en la parte alta de las casas, junto a los techos, costumbre que subsiste entre los actuales campesinos peruanos.

Cada ciudad queswa, tenía su gran depósito de alimentos; existieron recintos adecuados destinados a almacenar alimentos, tales graneros se llamaban QOLQAS o PIRWAS.

El cronista Pedro Sancho, quien fue secretario de Francisco Pizarro y junto con él entró a la ciudad del Cuzco aquel recordado 15 de noviembre de 1533, describe la ciudad del Cuzco, habla de sus cien mil casas ubicadas en la ladera y en el llano, habla de edificios con azoteas, y refiriéndose a los almacenes dice:

Los cronistas nos hablan también de los tampus, inmensos albergues oficiales dispuestos fuera del Cuzco, que contenían almacenes de comestibles.

Es lógico que todo centro poblado antiguo tuviera sus grandes almacenes de

Torreón Sur del bloque de QORI WAIRACHI-NA y calzada que comunica con el torreón’ Norte. Estupenda atalaya artificial desde donde se avista la quebrada del Vilcanota.

comestibles, para la provisión diaria y como reserva para épocas de guerra, epidemia, sequía, etc. Hoy en día las ciudades prescinden de tales depósitos por el especial ritmo de vida, las rápidas vías de comunicación y el transporte de gran tonelaje en cuestión de horas o días.

Los egipcios de la historia, tuvieron enormes graneros; los romanos hicieron lo propio; las ciudades quesvvas no podían ser una excepción y siendo P’isaq una de las grandes metrópolis, necesariamente tuvo sus graneros.

Fue carácter común en las ciudades incácicas, lo siguiente:

—        Planificación urbanística adecuada; las

casas, palacios y calles no emergían

al azar, por casualidad o improvisadamente; todo lo contrario, como las ciudades toltecas, aztecas y mayas, los queswas fueron brillantes urbanistas. Todo estaba planificado, la disposición de viviendas, palacios, plazas y calles, fue cuidadosamente prevista.

—        Tener agua fresca, limpia y permanente, conducida desde distancia por acueductos Uticos.

—        Pukarás establecidos en zonas estratégicas, que rendían utilidad tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz.

—        Qolqas,o grandes depósitos oficiales de maíz, moraya, chuñu y otros artículos alimenticios.

P’isaq requirió de grandes depósitos, de acuerdo a la densidad de su población que había rebasado los limites de la originaria muralla; estos depósitos estuvieron ubicados muy cerca de los barrios centrales de Intiwatana y P’isaqa, en una ladera de fuerte inclinación, custodiada por torreones y comunicados por un sólido y cómodo camino en escalinata asociado a un canal de agua.

Las edificaciones destinadas a depósitos de alimentos, eran especiales, gene-

Cada uno de los edificios tiene pla-no rectangular, orientado en sentido Es-te-Oeste. Las construcciones son parecidas entre sí, casi iguales, incluso en sus dimensiones, pues, la altura, número de puertas, ventanas y estilo arquitectónico es idéntico. Los techos son de dos vertientes, y los mojinetes se conservan en buen estado, todavía se conservan las piedras clavos en los exteriores.

Junto a las qolqas, se aprecia la base de lo que fue un amplio torreón, o por lo menos, es un área circular plana, sin inclinación, asociado al camino, que da la idea de ser un sitio de descanso.

Se llega a las qolqas por un sendero lítico constituido en escalinata, que dis-curre de la parte alta y desciende en sentido Oeste-Este. Este camino registra ciento dos peldaños; en la parte media de esta escalinata está una de las qol-qas, y sale transversalmente otro sende-ro que comunica con los otros depósitos.

14. PUKARAS O TORREONES

Se denomina pukara, a los diversos tipos de fortaleza, que construyeron y utilizaron los queswas, caracterizadas por su estructura pequeña. Las grandes fortalezas, verdaderas ciudadelas contenían varias o muchas pukaras.

La guerra debió ser actividad cuotidiana en la sociedad queswa, de ahí que cada poblado y cada gran ciudad, tenga atalayas de observación, murallas y fortalezas; P’isaq no podía ser la excepción.

Clases de torreones: distinguimos dos:

—        torreón recinto, y

—        torreón simple.

El torreón recinto es un atalaya ocupado por dentro, con puertas y ventanas, tenía techo; estaba, ocupado por guerreros, o en tiempos de paz por heraldos o pregoneros y otros funcionarios estatales; no eran de uso particular; eran construcciones diseñadas con fines específicos de orden público.

torreón simple o mirador es una esbelta y generalmente cómoda elevación del terreno, casi siempre en forma cilin-

drica, buscando suplir allá donde la naturaleza no presentaba una saliente conveniente; no es habitáculo por consiguiente carece de puertas y ventanas, su interior es compacto, sólo la superficie superior es utilizada en el avisoramiento, en la observación y en la comunicación, más no en afanes bélicos por los inconvenientes que presenta.

Distribución de pukaras en P’isaq: sin lugar a dudas, toda la metrópoli registra innumerables torreones por lo general del tipo recinto, dispuestos en sectores que facilitan la observación; ningún torreón está oculto o interno en los barrios; todos están colocados como pulpitos prendidos en los farallones de la montaña, desparramados a diversas alturas de tal modo que no haya peligro de aniquilamiento de un torreón, por otro que estuviera a nivel superior; al pare-cer fueron fortines que emergían sin ad-mitir terrenos aledaños dominantes.

Observando P’isaq desde cualquier ángulo, hallamos al fijarnos con acuciosidad, que los bordes salientes de la montaña, corresponden precisamente a pukaras, construidas de modo que pueda ser posible la comunicación por voces o señales, entre unos y otros.

Algunos caracteres de los pukaras: por lo general los grupos de andenes que quedan al Sur y Suroeste de la montaña CUATRO, están protegidos por torreones tipo recinto.

El torreón recinto en su estructura arquitectónica, nos muestra los siguien-tes caracteres:

—        Las paredes en su cara exterior co-rresponden al tipo, fino de construc-ción, estilo hilerado con pleno ensam-blamiento en las junturas; en su cara interna hay disposición de piedras rústicas. Se explica así que cada pared estaba constituida por dos hileras de piedras, hileras fuertemente adosadas y unidas por el barro utilizado como mortero.

—        Su plano tiene forma semicircular; la parte curva da hacia fuera, de modo que la edificación parece un pulpito que sobresale en el cerro; la porción que ensambla con la montaña, es ge-neralmente recta, permitiendo una o varias puertas, que son precisamente las que comunican el torreón con la ciudad.

—        Las paredes guardan adecuada inclinación hacia dentro, carácter que es común a las construcciones inkásicas, pero aquí hallamos una diferencia, en relación a los recintos comunes de forma rectangular, que la curvatura de las paredes y la inclinación hacia dentro, es precisa, uniforme, buscando al parecer una solidez asísmica.

—        El torreón recinto era habitáculo, permitía el establecimiento permanente de personas; y como cualquier otro recinto, muestra en su interior, hornacinas, ventanas y patillas; tiene como es natural puertas que comunican con el interior de la ciudad; algunos torreones de este tipo, presentan ventanas hacia el barranco, del tamaño de las puertas; en otros casos, las ventanas son de menor dimensión.

—        Existen necesariamente acueductos en o cerca de estos torreones, lo que evidencia su importancia, su relativa independencia con relación a las otras partes de la ciudad, y la circunstancia de estar permanentemente habitada.

Los torreones simples existen en menor cantidad que los del tipo habitáculo; en cuanto al estilo arquitectónico, están constituidos casi siempre por ensam-blamientos perfectos de piedras regulares o pequeñas, dispuestas en el estilo hilerado.

No existen torreones con estructura ciclópea o semiciclópea. Los torreones simples tienen base circular y posiblemente no tuvieron techo, a diferencia de los torreones habitáculo que necesariamente tenían techo como cualquier otro recinto.

Por lo general los torreones recinto, en el tercio superior de la edificación remataban en paredes de barro y finalmente un techo cónico.

Objeto de los pukaras: tratándose de atalayas, tenían los siguientes fines:

—        A diferencia de lo que otros creen, nosotros sostenemos que uno de los

fines específicos, permanentes y principales, fue el de la comunicación.

Todos los torreones, como tenemos dicho, están dispuestos en puntos salientes de la montaña; entre torreón y torreón existe cierta equidistancia; no existe sector geográfico que carezca de uno o varios torreones en toda la ciudad precolombina de P’isaq. Se trata de una red de puntos de comunicación oral; es y era muy sencillo comunicarse de torreón a torreón, expresando palabras en voz alta, es decir a gritos; quien estuviera en el torreón contiguo, recibía la versión oral y al instante la repetía en vía de trasmisión para ser escuchado en el siguiente torreón, cuyos vigías asimismo al instante repetían lo dicho y asi sucesivamente. En esta forma, el inka o el sinchi ubicado en su palacio de Intiwatana o en otro lugar de la ciudad, podía recibir y trasmitir noticias u ordenes con extraordinaria rapidez. Intentando una reconstrucción del sistema de comunicación oral, conseguimos trasmitir la expresión de una frase, en cuatro minutos, del pie de la montaña, sector de Acchapata, al barrio del Intiwatana.

Para llenar este objeto, los torreones no están ubicados exactamente uno en dirección vertical del otro; están dispuestos como en zig zag.

Descripción de algunos torreones del lado Sur de la metrópoli: esta zona de la ciudad es una amplia ladera, que en algunos puntos se convierte en barranco; la gran muralla que circundaba a trechos la ciudad no se hace presente en este sector, obedeciendo a la configuración geográfica; allá donde el paso de enemigos era posible.

En la actualidad, hallamos las bases de muchos torreones recinto, en el ascenso a Intíwatana por el lado Sur de la ciudad; felizmente están las bases semicirculares, los cimientos de los muros y su disposición asociada con el camino principal, pero habría sido mejor, la subsistencia intacta de toda la ciudad. Otros torreones están intactos, sólo les falta el techo, y finalmente algunos están destruyéndose.

Hacemos ligera descripción de los torreones que están en buen estado de conservación;

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