P’isaqa

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    Es uno de los muchos grupos arqueló-gicos de excepcional importancia, porque fue un barrio principal dentro de la organización urbana de la gran metrópoli.

    10.1. Ubicación: P’isaqa se ubica al borde de la montaña sagrada, en el sector Sur-oriental de toda ella; está a menor nivel y a corta distancia del barrio de In-tiwatana. P’isaqa en relación a Intiwata-na, está también hacia el Suroríente. La diferencia en altura entre uno y otro barrio es de cuarenta metros, de modo que es menester ascender empinado sendero para vencer los cientos cincuenta metros, aproximadamente que separa ambos grupos arquitectónicos.

    Los constructores de este barrio, debieron aplanar un buen sector de la montaña para modular una planicie, sobre la que edificaron simétricos recintos, calles y avenidas. Debieron remover y trasla- (dar cientos de toneladas de tierra para conformar el pampón que albergaría el ‘ abigarrado conjunto de habitáculos.

    10.2. Los recintos: P’isaqa está constituido por treinta recintos, dispuestos en forma  de casitas independientes, unas a lado de otras, dejando en unos casos un espació entre casa y casa, especie de patio común, mientras que por el lado de la fachada, daban hacia callejas, o hacia la amplia avenida que discurre en línea curva moderada.

    Uno de los caprichos queswas, fue el no construir recintos que guardasen absoluta uniformidad en sus dimensiones o en sus formas.

    Por las medidas aproximadas que luego proporcionamos, podrá apreciar el lector, que los arquitectos indígenas parece que se preocuparon en que un recinto no tuviera las mismas dimensiones que los demás. Por la calidad de la construcción, la distribución de recintos y las dimensiones, concluidos que P’isaqa fue destinado a vivienda.

    Los recintos están dispuestos en orden, su construcción obedece a un bien trazado plan general, pues, dentro del aparente desorden que a primera vista pudiera advertirse, hay convergencia de líneas, equidistancias, armonía y estética, así como funcionalidad.

    La primera hilera de recintos o casitas, está al borde semicircular del terraplén, guardando relación con la configuración curva de esta parte de la montaña, dejando únicamente una calleja a manera de andén o malecón.

    Otra característica que notamos en esta parte periférica de P’isaqa, es que los ejes longitudinales imaginarios que pasan por la parte céntrica de los recintos, están irradiados, no son paralelos, de modo que prolongando imaginariamente o trazando en forma real, el eje longitudinal de cada recinto, se junta con los ejes de los otros recintos, en un mismo punto, ubicado a cien metros nás o

    menos hacia el Oeste, o sea hacia el interior de la montaña. Da la idea que el director de la obra, luego de tener aplanado el terreno, se colocó de espaldas a la montaña, retrocedió del borde del terraplén hacia el interior, algo de cien metros y a partir del punto donde se ha-llaba, trazó líneas irradiadas hacia el borde curvo del terraplén, y cada línea fue el eje de cada casa de la primera hilera de construcciones.

    Cada casita tiene dos puertas hacia el patio común que utiliza con la de en frente, y recién de este espacio o patio, existe una puerta hacia la avenida.

    La base de cada casita tiene forma rectangular; y debió tener techo de paja de dos vertientes, aun se conservan los mojinetes en muy buen estado en algunos casos.

    Detrás de esta primera hilera de recintos que está cerca al borde de la montaña, corre otro conjunto que ya no lleva la misma disposición; no guardan los ejes de las casitas la orientación irradiada.

    Entre ambos conjuntos de edificaciones, corre una amplia avenida con muros a cada lado y siempre guardando armonía con el conjunto.

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