La irrigación de los campos formaba parte del sistema agrícola integral Los canales de irrigación en Ollantaytambo traían aguas a los andenes desde manantiales localizados a más de 10 kilómetros de distancia. Los lados de estos canales se encontraban cuidadosamente revestidos con piedras y descansaban en las cabeceras de altos muros de contención cuando debían de atravesar pendientes inclinadas o riscos, y corrían a través de túneles cuando era necesario salvar aquellos lechos rocosos que obstruían su paso. Muchos de estos canales tenían pendientes mínimas, algunas veces de solo 0,5%, lo mínimo necesario para asegurar un adecuado flujo del agua. Estos canales, así como los desvíos de los ríos Urubamba y Patakancha, hechos con el fin de ganar nuevas tierras y controlar las inundaciones, son muestra del alto nivel de conocimientos en ingeniería hidráulica alcanzado por los incas. Pero, además, los incas construyeron obras hidráulicas con motivos religiosos y recreativos. Una elaborada red de pequeños canales, muchos de ellos subterráneos, daban vida a numerosas fuentes entre ‘Inkamisana y Manyaraki. Las pocas que aún existen evocan el placer único que estas debieron de haber brindado alguna vez.

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