Materailes Y Sistemas De Construccion

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    LOS MATERIALES: Los materiales empleados en la construccion de los tejados Incas eran: madera, cañas, mimbre, agaves, cañamos y pajas.

    Las maderas y las cañas resistentes o bambúes se usaban para construir la estructura de los tejados; las cañas corrientes y pajas, especialmente el icchu, para conformar la cobertura de los mismos, y los mimbres, agaves y cañamos para trenzar las criznejas o soguillas con que se ataban, entre sí, los materiales mencionados.

     

    LAS CAÑAS Y MATERIALES ACCESORIOS: El ingeniero Pablo Chalón, en su trabajo “El Arte de Construir de los Antiguos Peruanos”, proporciona la siguiente relación de las cañas y otros materiales usados en la construcción de las coberturas incas:

     

    “Las cañas empleadas eran: la caña de Guayaquil (bambusa gradual); la caña brava (gynerium sagittatum); la caña hueca (arundo); el maíz (zea maiz)

    Las pajas, auxiliares de las cañas en la confección de las techumbres, eran: el icchu (stipa jaraba) que se hacía secar y daba haces largos, flexibles y resistentes; la totora (thypha truxillensis) con la que tejían esteras para los suelos y techos, y canastos; la paja de maíz; y los mimbres que unían en haces gruesos en la construcción de sus puentes colgados”.

     

    El uso de dichos materiales en la fabricación de techos está claramente explicado en la relación de Squier, acerca del Suntur Huasi de Azangaro. Para abundar en el tema y darlo por terminado, en esta oportunidad incluimos a continuación citas de Bernabé Cobo y Garcilado dela Vega, respecto a la construcción de coberturas.

     

    Dice Cobo: “En su enmaderamiento y cubierta, no se gastaba clavazón,… poruqe sólo las vigas o varas atan y tejen con cuerdas y ramales delgados un zarzo de varillas y ramas sobre el cual en lugar de tejas ponen cantidad de hicho”.

     

    Relata Garcilaso: “Sus techos estaban hechos con palos atados entre sí transversalmente mediante cuerdas fuertes. Estos sostenían una capa de paja del espesor de1,8 metroso más en algunas casas, que no sólo servía de cornisa a las paredes, sino que se extendía fuera de ellas más de un metro, como un tejado colgadizo para resguardar las paredes de la lluvia y brindar protección a las personas debajo de él. La parte que sobresalía más allá de las paredes estaba recortada en forma muy pareja…”

     

    LAS MADERAS: Existe un profundo desconocimiento respecto a las maderas que los Incas usaron en la construcción de sus tejados. Sólo Betanzos se refiere al tipo de madera empleado en dichos techos, cuya estructura se formaba con “largos y derechos maderos de aliso”.Cobo también cita el uso de alisos en las construcciones cusqueñas, pero refiriéndose a las edificaciones por los españoles, en la siguiente forma:

     

    “El árbol más general de este género que se halla en todas las provincias del Perú es el aliso, el cual nace en los valles templados de la sierra, de cuya madera se gasta gran cantidad en los edificios de la ciudad del Cusco y en otras partes donde no se alcanza maderas más fuertes”.

     

    Es indudable que el aliso, uno de los típicos árboles serranos, se empleó en la estructuración de las coberturas Incas, pero, necesariamente, deben haberse utilizado otras maderas más resistentes en el techado de los grandes galpones a los que se refieren los cronistas. El aliso es un árbol de fuste recto ahusado, de 0.40 a0.60 m. de diámetro y de una altura de hasta 20m, de los que por lo menos 15m. son maderables. Su densidad es baja, de 0.30 a0.40 g/cm3, lo que determina que su madera sea suave y liviana, lo que no es conveniente para el uso estructural.

     

    Usualmente, las maderas que se emplean en estructuras son de densidad media (0.41 a0.60g/cm3) alta (0.61 a 0.75 g/cm3) y muy alta (más de 0.75 g/cm3). Así, entre los árboles más conocidos dela Selva Alta y Baja tenemos (PNDU-FAO, 1982):

     

    De densidad media:

    Cachimbo, caimito, caoba, casho moena, cedro, diablo fuerte, huairuro, ishpingo, lagarto cashi, moena, sachavaca micuna, tornillo, yanchama y zapote.

     

    De densidad alta:

    Almendro, copaiba, guacamayo caspi, huairuro, manchinga, palo sangre y quinua quina.

     

    De densidad muy alta:

    Estoraque, quinilla colorada y tahuari.

     

    Los árboles de la sierra, apropiados para construcciones, pueden agruparse de la siguiente manera:

     

    De densidad baja:

    Aliso.

     

    De densidad media:

    Nogal y saúco.

     

    De densidad alta:

    C’olle, chachacomo y molle.

     

    De densidad muy alta

    Huarango y Q’eñua.

     

    Por tanto, el aliso por sus dimensiones y tipo de fuste es de gran utilidad para estructuras cuyas condiciones de trabajo no sean excesivas, pero su uso no es conveniente cuando se trata del techado de grandes luces. Cobo parece referirse a este problema, cuando en la cita precedente indica que el aliso se usaba en el Cusco “y en otra partes donde no se alcanzan maderas más fuertes”.

     

    El hecho que no haya referencias a las otras maderas que debieron usarse se debe, probablemente, a la gran destrucción que sufrió la región cuzqueña, tanto en sus edificaciones cuanto en sus recursos forestales. La deforestación de la comarca del Cusco principia a producirse bastante antes de la conquista española. El consumo de leña de una gran ciudad como la capital imperial, de alrededor de 200 000 habitantes, debe haber puesto en aprietos a los Mallki Kamayoc, osea a los funcionarios encargados del cuidado y mantenimiento de los bosques. Dicha situación se agravó con el caos que significó la guerra entre Huascar y Atahualpa, pues ella determinó la ruptura de la organización administrativa y la destrucción de muchos de los recursos naturales.

     

    Parece, pues, que,  cuando los españoles llegaron al Cusco, la comarca se hallaba en proceso de deforestación, el que como ya hemos dicho se agudizó tremendamente por el sitio del Cusco, por Manco Inca, las guerras civiles entre los conquistadores y el desarrollo urbano del Cusco. Ese estado de cosas, que adquirió características de catástrofe, produjo la destrucción de prácticamente todos los viejos tejados y bosques de la región.

     

    Lo primero hizo desaparecer, muy tempranamente, los ejemplos de los materiales y técnicas que los incas usaban en la construcción de los tejados. Lo segundo determinó una modificación en la ecología regional y que, muchos árboles casi desaparecieran de la comarca cusqueña o que, al cambiar su hábitat, sufrieran una transformación en sus características físicas. Por ejemplo: los árboles, en general, cuando viven agrupados dentro de un bosque tienden a crecer verticalmente en busca de luz; en cambio, si se encuentran solos tienden a expandirse y achaparrarse, desarrollándose en grosor y follaje pero no en altura.

     

    Ese fenómeno ocurrió, y sigue ocurriendo en la actualidad, con muchas especies nativas como: el Chachacomo, Molle, Huarango, Molle y el mismo Aliso, etc. Dichos árboles en sus bosques originales debieron ser mucho más altos y derechos que los lucen hoy en día, a punto tal que algunos de ellos en su forma original nos serían irreconocibles, acostumbrados como estamos a su apariencia actual. Es explicable, por tanto, que los españoles tomaran al aliso como el único árbol maderable para fines estructurales y que creyeran que en la sierra no existían otras especies aptas para ser usadas con ese objeto.

     

    Poco tiempo después de la ocupación hispana del Cusco, la demanda de madera, producida por las construcciones y el uso desmedido de leña, fue de tal magnitud que, en 1556, (Sherbondy 1986) en virrey Mendoza tuvo que prohibir la tala de árboles en las quebradas del Cusco y, algo más tarde, en 1590, el Cabildo de la ciudad dispuso la reforestación del valle del Huatanay, desde San Sebastián hasta Quiquijana, ósea una longitud de56 Km.

     

    Dada la situación descrita, no es de extrañar que los cronistas no proporcionen datos respecto a las maderas usadas en los tejados incas. Tampoco debe llamar a sorpresa que, desde entonces, se haya olvidado lo poco que sabía y, además, creado una serie de infundíos al respecto.

     

    De esa manera, actualmente se cree que en la sierra no crecían árboles de grandes dimensiones; se ha olvidado que el aliso en comunidad es capaz de superar los20 m. de altura y que las otras especies alcanzaban un tamaño bastante mayor que el que hoy tienen; se ignora que en la ceja de selva o selva alta, a poca distancia del Cusco, existen muchas especies de árboles maderables, de gran tamaño y excelente calidad; se desconoce, también , que los incas sostenían una muy activa relación con regiones de la selva alta, situadas bastante cerca del Cusco, como los valles de Vilcabamba y Pilcopata. La presencia de Machupicchu y Paucartambo, a la entrada de dichos valles, basta y sobra para demostrar la importancia de la citada relación. Se encuentran a menos de100 Km. del Cusco, por lo que el transporte de la madera hasta la capital no debe haber significado mayor problema para la organización imperial.

     

    Al respecto, hay que considerar que un tronco de 0.35m. de diámetro y20 m. de largo llega a pesar tan sólo 1152 y 1920 K. según la calidad de la madera, y que los incas estaban tan acostumbrados a transportarlas que hasta tenían una parihuela especial para esa labor. En efecto, el Padre Gonzáles Holguín registra en su diccionario la voz callapi que significa “angarilla de dos o tres palos o atravesaños en que llevan vigas”. De otro lado, cuando se refiere a una litera para transportar personas anota la palabra quechua huanturapampa.

     

    Como resultado de ese desconocimiento la mayor parte de los estudiosos no encuentra explicación al techado sin columnas de los grandes edificios incas y algunos llegan a suponer que fueron simplemente recintos sin techo alguno. Luis A. Pardo (1957), al referirse a la kallanka mayor de Huchuy Qosqo, que tiene 12m. de ancho por40 m. de largo, reflexiona respecto a su techumbre:

     

    “Este aspecto plantea un problema serio: edificio, de magnitudes catedralicias, tuvo techo de dos aguas, ¿fue uno solo o no lo tuvo? El ancho del edificio, de que se trata, hace pensar justamente en un techo de dos aguas, entonces hay que suponer que en el centro de este santuario había una hilera de pilares, algo semejante a los que existe en las ruinas del templo de Wiracocha de San Pedro de Cacha, con el fin de sostener la armazón de palos. De lo contrario tendríamos que llegar a la conclusión de que los edificios de esta naturaleza no tenían techo, eran adoratorios descubiertos, al aire libre”

     

    La verdad es que los incas contaron con todo el material necesario para fabricar los techos de sus colosales kallanka, pues en la misma sierra tenían árboles utilizables y en la cercana selva alta todas la especies que podían desear.

     

    Respecto a la forma en que los incas trabajaban la madera, hay el mismo desconocimiento que en todo lo que se relaciona con los tejados, y lo que es peor, se han acuñado una serie de especies, totalmente falsas, que denigran la capacidad creativa y habilidad tecnológica de tan insignes constructores.

     

    Por ejemplo, se sostiene que la madera la usaban, prácticamente, en bruto y que para unirla simplemente la ataban, tanto por falta de conocimiento como por carencia de las herramientas apropiadas. Por tanto, se afirma que los incas no aserraban, ni desbastaban, ni cepillaban, ni pulían la madera; que tampoco la horadaban o entallaban y que mucho menos la empalmaban o ensamblaban. Es decir los hombre que en materia de tecnología cerámica, textil, metalúrgica, hidráulica y agrícola, etc. Eran capaces de producir obras cuya perfección todavía asombra, en cuanto al tratamiento de la madera estaban a la altura de los paleolíticos.

     

    Esta sorprendente contradicción se convierte en increíble cuando las mismas personas, que niegan a los incas toda capacidad para trabajar racionalmente la madera, celebran apologísticamente sus trabajos en piedra, ósea su habilidad para cortar, pulir, encastrar y hasta engrampar pétreos bloques de dura andesita. En buena cuenta, se alaba que los incas trabajaran la piedra como si fuera madera y no se les reconoce la capacidad de trabajar la madera en la forma que es propia de ese material.

     

    En el atrio de la iglesia de Santo Domingo, en el Cusco, ósea al lado del antiguo Coricancha, se aprecia actualmente una enorme piedra de5 metrosde largo y0.90 metrosde ancho y0.25 metrosde espesor, aproximadamente. La forma es de una perfecta geometría y su acabado casi pulido, luciendo como si fuera un grueso tablón.

    En lo alto de Ollantaytambo, hay pie de los restos del templo inconcluso, hay un enorme bloque de piedra que tiene en su parte central un resalte, en forma de prisma rectangular, para asegurar su unión con otro bloque mediante una encajadura o encastre de caja y espiga. Finalmente, en el interior de la citada iglesia de Santo Domingo hay numerosos bloques pétreos procedentes de diferentes construcciones, que constituyen, un conjunto, un muestrario de la técnica magistral de los incas para trabajar la piedra. Entre ellos, destacan algunos que muestran evidencias de que su unión estuvo asegurada por grapas de bronce. Para tal fin, se labraba en bloques adyacentes de presiones en forma de barras con extremos ensanchados y se vaciaba bronce fundido en ellos.

     

    Como podemos apreciar, resulta realmente increíble que no se acepte que los incas podían hacer con la madera lo mismo que tan hábilmente realizaban con la piedra. Garcilaso, generalmente tan bien enterado de los hechos, costumbre y habilidades de sus antepasados, para nuestra sorpresa es otro de los cronistas que ha contribuido a crear los infundíos que criticamos. Al comentar…”la inhabilidad que los oficiales mecánicos tuvieron en sus oficios…”y con que “falta de las cosas necesarias Vivian aquellas

    gentes …” dice al referirse al trabajo de la madera:

     

    “No tuvieron más habilidad los carpinteros; antes parece que anduvieron más cortos, porque de cuantas herramientas usan los de por acá para sus oficios, no supieron hacer una sierra ni una barrera ni cepillo ni otro instrumento alguno para oficio de carpintería, y así no supieron hacer arcas ni puertas más de cortar la madera y moldearla para los edificios. Para las hachas y azuelas y algunas pocas escardillas que hacían, servían los plateros en lugar de herreros, porque todo el herramental que labraban era de cobre y azófar. No usaban de clavazón, que cuanta madera ponían en sus edificios toda era atada con sogas de esparto y no clavada.”

     

    Garcilaso estaba totalmente equivocado y la única explicación para error tan garrafal es que muy niño cuando vio los últimos restos de la arquitectura inca y muy viejo cuando escribió acerca de ella, después de casi 50 años de exilio. En efecto, cuando se destecharon las últimas kallanka cusqueñas, alrededor de 1550, Garcilaso tenía 11 años.

     

    Si unimos estas circunstancias a los factores que, a nuestro juicio, han contribuido a la  desinformación que existe acerca de la tecnología prehispánica, es explicable que el cronista inca se equivocara. Entre las formas de probar la citada equivocación de cronistas y estudiosos, quizás la más definitiva, a falta de pruebas arqueológicas, es la de tipo lexicológico.

     

    Raúl Porras Barrenechea en su introducción al lexicón de Fray Domingo de Santo Tomás, editado porla Universidad Mayorde San Marcos, dice lo siguiente:

     

    “El vocabulario de un grupo de humanos es como un inventario de sus adelantos y adquisiciones culturales. La falta de una palabra dice lhering, equivale a la falta de la cosa, como la existencia de la palabra prueba la de la cosa.”

     

    Indudablemente tenía razón el ilustre maestro San Marquino y siguiendo su razonamiento hemos revisado tanto el “Lexicon”, publicado originalmente en 1560, como el “Vocabulario de la lengua general de todo el Perú”, del Padre Diego Gonzáles Holguín, editado por primera vez en 1608.

     

    El estudio de tan valiosos documentos ha producido datos de gran valor, para demostrar la capacidad inca de construir, eficazmente, el maderamen de sus tejados y, asimismo, nos ha abierto el camino para otras interesantes investigaciones. Tenemos así, que los incas:

     

    a)    Diferenciaban entre troncos, rollizos, leños o rollos y vigas o palos, osea madera trabajada, refiriéndose a ellos como:

     

    Árbol

    Tronco

    Leño

    Viga

    Palo

    Palo grande

    Palo o madero pequeño

    Madera

    Tabla

    Mallki

    Cullu (L)

    Cullu (L)

    Quero – curco (L)

    Quero (L)

    Curco (L)

    Cafpi (L)

    Curco – Quero (L)

    Llaplla – Llapsa cullu (V)

     

     

    b)    Reconocían los siguientes oficios:

     

    Carpintero

    Entallador

    Edificador de techo

    Llacllac o Quero Camayoc (L)

    Llacllac (L)

    Huaci ccatak (V)

     

     

     

    c)    Efectuaban las siguientes labores:

     

    Carpintear

    Maderar

    Hender con cuñas

    Aserrar, cortar con sierra

    Descortezar

    Desbastar madera para labrarla

    Labrar madera

    Acepillar

    Alisar

    Entallar

    Empalmar madera

    Escoplar

    Horadar

    Martillar

    Clavar

    Barrenar con barrena

    Llacllac o Quero Camayoc (L)

    Cuncurchani gui (L)

    Chectani gui (L)

    Tupan gui (L)

    Caracha hurccuni (V)

    Huampachani (V)

    Llacnani gui (L)

    Llacnani gui (L)

    Lluch kayachini (V)

    Llacnani gui (L)

    Iskay curcucfa – luchani (V)

    Lluc kayachini (V)

    Hucchuni gui (L)

    Tacani gui o Tacacuni gui (L)

    Tacani gui o Tacacuni gui (L)

    Hucchuni gui (L)

     

     

    d)    Tenían los siguientes elementos y herramientas de carpintería:

     

    Tarugo o estaca

    Cuña

    Barrena

    Cepillo

    Escoplo

    Martillo

    Cartabón de carpintero

    Tacarpu (V)

    Qquillay tacarpu (V)

    Huthcona (L)

    Llacllana (L)

    Llacllana (L)

    Tacana – Tacaycona (L)

    Topo (L)

     

     

    Como se puede apreciar por las palabras existente en el runa simi o quechua, los incas estaban muy lejos del rústico estado técnico de sólo saber “cortar la madera y blanquearla”, osea descortezarla, para luego usar estructuralmente dichos troncos, uniéndolos por simples ataduras. Tal como lo indican las voces recogidas por Fray Domingo de Santo Tomás (marcadas con una L) y por Fray Diego Gonzáles Holguín (marcadas con una V) los incas sabían labrar la madera, convirtiendo los troncos en vigas  y tablas, cuyas superficies aliñaban mediante el cepillado y posterior alisado de sus caras.

     

    Igualmente queda demostrado que las vigas podían añadirse, osea ensamblarse y que, asimismo, podían unirse o formar nudos mediante entalladuras. También es posible que dichos empalmes y uniones se aseguraran mediante paradores de madera o tarugos, además de usar ligaduras hechas con cuerdas o tiras de pellejo de llama.

     

    Lo más probable es que en los edificios más importantes de la arquitectura oficial se hayan usado vigas y viguetas (madera cortada a escuadra) con uniones entalladas y reforzadas con tarugos o clavijas de madera y amarres, mientras que en las demás edificaciones se usaban troncos desbastados con uniones simplemente amarradas.

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