Los Andenes Ollantaytambo

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    La regularidad de la escala ciclópea de las estructuras [los andenes] no tiene paralelo en el Nuevo Mundo. De hecho, los andenes incas parecen trascender las barreras de lo meramente utilitarioy adquieren un significado de símbolo.

    Donkin, Agricultura! Terracing in theAboriginalNew World

    La construcción de andenes es un arte antiguo en los Andes y precedió a los incas en, por lo menos, un milenio. Desde una perspectiva muy básica, los andenes son una manifestación de la lucha de la gente andina por sobrevivir en un terreno agreste y un ambiente hostil. Mediante los andenes se creaban parcelas planas y así se ganaban nuevas tierras para el cultivo y la construcción allanaban las tierras agrias y dobladas que cultivaban, para que estando llanas, se pudiesen regar, arar, y cultivar mas cómodamente, y también porque de la manera aprovechaban muchas tierras.

    En Ollantaytambo, estos andenes adquirieron proporciones mucho más allá de lo requerido para la mera supervivencia. Extensos grupos de andenes, hermosamente diseñados y ejecutados con pericia, se extienden a lo largo del río Urubamha, escalan las faldas de las montañas en los bordes del valle  y cubren el abanico aluvial de Patakancha. De hecho, adquieren un significado simbólico al convertirse en expresiones del poderío del Inca, el hijo del Sol, la imposición de su autoridad y el respeto a sus órdenes: «[…] ninguno osaba pasar por estas sementeras sin hacelles algún acatamiento con palabras de veneración que tenían señaladas para ello».

    El enorme volumen de rocas y desmonte que habían de ser desplazados para crear, por ejemplo, los andenes en el abanico aluvial del río Patakancha es muestra del poder del Inca para administrar una gran fuerza de trabajadores. Como reporta Valcárcel: «En el folklore de los pueblos de Calca, a más de 30 kilómetros, aparece la tradición de que los tampus obligaron a todos los ayllus que moraban en ambas orillas del Willkamayu a trasladar hasta Kompone millares de toneladas de tierra»

    Los andenes son el símbolo del poderío humano sobre la naturaleza, de sus habilidades para reformar y transformar la tierra a su antojo. Los incas eran agricultores aventajados, con una herencia rica en el manejo de las plantas y sofisticadas técnicas de cultivo. Cook advirtió los ingeniosos diseños de los andenes. Los muros de contención estaban rellenos con dos capas distintas: una capa inferior de subsuelo artificial compuesto de piedras gruesas y arcilla, la que era cubierta a su vez con capas de tierra fina importada (1916: 494). Al referirse a los andenes construidos bajo el gobierno de Pachakuti, Sarmiento de Gamboa enfatizaba que la mayor parte eje la capa superficial usada para rellenar los andenes había sido acarreada desde lugares lejanos

    Al rellenar los andenes a mano se permitía el control de la naturaleza del relleno y se controlaba, en parte, la distribución del agua» (Donkin 1979: 33). Asimismo, la permeabilidad de los muros de los andenes permitía que el agua en exceso se filtre de andén en andén. Para ayudar a este flujo de agua entre andenes, los incas construían, con frecuencia, canales de desagüe al interior de los muros.

    El trazado de los andenes es muestra de la preocupación de los incas por la topografía, geomorfología e hidrología. Los andenes de Sima Pukyu, al otro lado de la estación del tren, son un buen ejemplo de ello (Fig. 1.13). Se encuentran construidos en la parte inferior de un profundo barranco, seco la mayor parte del año. Es, sin embargo, una cuenca de recolección, con un nivel

    substancial de aguas subterráneas que se filtra a la superficie a través del material suelto del derrubio en el fondo de la cuenca. Los incas remodelaron el derrubio mediante andenes y modificaron la corriente con el fin de irrigarlos. Un conducto, bellamente ejecutado, canaliza las aguas superficiales de un andén a otro.

    Para tomar ventaja de las diversas zonas ecológicas ubicadas a diferentes altitudes, los incas, en algunos casos, construían largas «escaleras» de andenes de hasta cerca de 700 metros de altura. Los andenes de Choquebamba, en el valle de Patakancha a cerca de una hora de Ollantaytambo  son un ejemplo de estas.

    Sin importar lo extensas o masivas fueron estas transformaciones del paisaje, las modificaciones fueron sutiles y delicadas: no violentan la topografía, sino más bien, parecen realzar y acentuar sus aspectos más saltantes. La técnica de la construcción de andenes se convirtió en el arte del paisajismo. Los vastos arcos de los andenes de Wayronqoyoq y Ancopacha resaltan los contornos de las laderas y transforman las áridas laderas en jardines. Su dominio sobre la naturaleza se encontraba moderado por la veneración que los incas sentían por ella. En su cosmogonía, las montañas eran sagradas y se les denominaba apu (‘deidades’). Los incas también veneraban a las rocas (Rostworowski 1983: 62-63) y adoraban a aquellas que asemejaban apu y las esculpían para la recepción de ofrendas o para servir en ceremonias rituales. Por ello, cuando construían andenes u otras estructuras, los incas eran particularmente cuidadosos en tratar de armonizar lo natural con lo creado por el hombre. A menudo esta integración de la naturaleza con lo artificial puede engañar al más cuidadoso observador. Por ejemplo, en la Fortaleza, una de las paredes se encuentra notoriamente levantada contra el lecho rocoso pero, en una inspección más detallada,

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