Cuenta la leyenda que muerto el último shyri, los jefes del Reino de Quito proclamaron como legítima dueña de la corona a la joven y bella Pacha, hija única del último jefe shyri.
Huayna Cápac, el conquistador inca, fue donde la reina Pacha a ofrecerle su amistad. La soberana escuchó con orgullo sus promesas de paz. Sin embargo, la inteligencia y hermosura de Pacha conquistaron el corazón de Huayna Cápac, que desde aquel día sólo quiso agradarla. La princesa aceptó ser su esposa.
Pacha y Huayna Cápac vivieron en un hermoso palacio llamado Incahuasi. Allí nació el futuro soberano, el príncipe Atahualpa, quien desde muy pequeño aprendió la importancia de acatar y cumplir las leyes y las decisiones que impartía su padre.
Un día que practicaba con su lanza, le llamó la atención una linda guacamaya de hermosos colores. Al instante sacó su arco, disparó con certeza y la mató. Con la guacamaya muerta corrió en busca de su madre. Pacha no lo recibió contenta, al contrario, le hizo notar que había incumplido con la ley.
Le recordó el mandato de su tribu: “Se mata al enemigo solamente en la guerra, porque él también posee armas para defenderse. No así a las aves, que adornan la naturaleza con sus colores y la llenan de encanto con sus trinos”. Pacha arrancó una pluma de la guacamaya y la puso en el penacho del pequeño, para que no olvidara nunca la lección aprendida.

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