En la actualidad, Ollantaytambo es un idílico y adormecido pueblo, ubicado en la sierra sur del Perú, cerca de 70 kilómetros al noroeste del Cuzco, la antigua capital del imperio inca. Descansa en el corazón del valle de Urubamba, en la confluencia de los ríos Urubamba y Patakancha (Fig. 1.1), a una altura de 2800 metros sobre el nivel del mar. El río Urubamba era conocido por los incas como Willkamayu que significa río sagrado y es uno de los más importantes en la parte sur de los Andes, además de ser uno de los principales tributarios del Amazonas. El Vilcanota, como se le llama a este río en su curso superior, tiene su origen en el paso de La Raya, de donde fluye en dirección noroeste hacia Pisaq, donde toma el nombre de Urubamba. De aquí en adelante discurre por las tierras de los asentamientos incaicos de Calca, Yucay, Urubamba y Ollantaytambo, precipitándose luego hacia Machu Picchu y la selva, donde toma el nombre de Ucayali, antes de tornarse en parte del poderoso Amazonas.

Hoy en día, el valle del Urubamba entre Pisaq y Ollantaytambo es referido con frecuencia como el Valle Sagrado de los Incas y es, de hecho, un valle extraordinario. Nadie lo describe mejor que Garcilaso de la Vega, ilustre hijo de una princesa inca y un conquistador español: «Aquel valle se aventaja en excelencia a todos los que hay en el Perú, por lo cual todos los Reyes Incas  lo tuvieron por jardín y lugar de sus deleites y recreación donde iban a alentarse de la carga y pesadumbre que el reinar tiene consigo […] el sitio es amenísimo, de aires frescos y suaves, de lindas aguas, de perpetua templanza, de tiempo sin frío ni calor, sin moscas ni mosquitos ni otras sabandijas penosas.

Si el valle le pareció a Garcilaso el Jardín del Edén, es porque los incas hicieron de él en verdad un paraíso: sin la extensa andenería y la irrigación intensiva, el valle muy probablemente hubiese sido árido.

Sin embargo, los incas encontraron en el valle condiciones favorables para sus planes.

Entre Pisaq y Ollantaytambo, el valle del Urubamba discurre de Este a Oeste, una orientación que favorece una excelente exposición a los rayos solares.

El agua para irrigación es abundante: proviene de corrientes de agua producidas por el derretimiento del hielo de los glaciares que discurren valle abajo desde la cordillera de Urubamba, en la margen derecha del valle. En el aspecto estratégico, este era un enclave codiciado por los incas porque les brindaba una base para la conquista y la colonización de las regiones ubicadas tanto al norte como al este.

Se dice que Víraqocha, el padre de Pachakuti, fue quien llevó a cabo las primeras incursiones en la parte alta del valle del Urubamba (Sarmiento de Gamboa 1943 mas la integración ele Ollantaytambo y la parte baja del valle al reino inca se atribuye a Pachakuti. En su búsqueda de poder y territorios, Pachakuti declaró la guerra a los pobladores de Ollantaytambo; los mató y luego quemó el poblado, antes de regresar al Cuzco y proseguir sus conquistas (Sarmiento de Gamboa 194,  Pachakuti anexó Ollantaytambo a sus propiedades reales (Rostworowski 1970: 159, 253) y ordenó la construcción de suntuosos edificios en Tambo (Sarmiento de Gamboa 1943).

Fuera de esto, prácticamente no existe mención de Ollaytantambo en las crónicas hasta cuando acontece la rebelión de Manqo ‘Inka, el nieto de Pachakuti. ‘Ataw Wallpa había vencido a su hermano Waskhar luego de una sangrienta guerra civil y había tomado el control, pero luego él mismo fue capturado por Francisco Pizarro en Cajamarca. Aquellos que apoyaban a Waskhar, bajo el hderazgo de Thupa Wallpa, vieron la oportunidad de retomar el poder mediante una secreta y desleal alianza con los conquistadores españoles. Subsecuentemente, Thupa Wallpa fue coronado con el auxilio de Pizarro, mientras que Ataw Wallpa fue sentenciado a muerte’. El reinado de Thupa Wallpa fue, sin embargo, breve, ya que murió pocos meses después de su coronación. En su lugar, Manqo ‘Inka quien era reconocido por los seguidores de Waskhar como el legítimo sucesor, además de ser considerado un oportuno aliado por

Los incas no fueron grandes constructores de ciudades (Gasparini y Margolies 1980: 68); ni siquiera el Cuzco, la capital del imperio, o los importantes centros regionales de Incahuasi, en el valle de Lunahuaná, o de Huánuco Viejo, en la sierra central, fueron tan grandes como algunas de las ciudades pre incas en el Perú. Sin embargo, los incas fueron juiciosos planificadores: todos los asentamientos fundados por ellos se encuentran cuidadosamente emplazados y muestran regularidades en sus trazados. Planos reticulares rigurosos, como en el caso de Ollantaytambo, son más la excepción que la regla. Las características particulares del sitio merecerán una atención más detallada en un capítulo posterior.

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