La competencia perfecta y el sector transporte.

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    El sector transporte, al menos en el ámbito nacional y regional, aparece con una estructura de mercado cercana a la de competencia perfecta, donde el servicio de transporte es el mismo, trasladar a los usuarios espacialmente en el ámbito urbano, donde existen una gran cantidad de pequeños ofertantes, mal llamados transportistas, y millares de consumidores del servicio[1], evidente que, hablar de su cercanía a un modelo de competencia perfecta, no hace que este modelo sea su base, “La economía sostiene que la asignación óptima se produce cuando participan muchos ofertantes y adquirentes, el acceso al mercado es libre; ningún actor puede influir en los precios; la formación de estos es fruto de la acción libre de la oferta y de la demanda; el producto es homogéneo y no existe asimetría de información. A este modelo teórico se le denomina “competencia perfecta” y no existe en la realidad, es solo una aspiración ideológica.

    Por increíble que parezca, en el mercado interurbano de pasajeros hemos logrado aproximarnos al modelo de una forma cercana al libro de texto. Existen muchos ofertantes del servicio: “combis”, “lanchones”, “micros” y “eventuales”; y existen también muchos adquirentes del servicio: todos los sufridos usuarios. El acceso a la actividad es libre; tan libre que es suficiente con entrar a una ruta o modificar el recorrido de la misma a sola voluntad del chofer cuando no existen muchos clientes. El precio es fruto de la oferta y demanda, lo fija el mercado. El servicio es el mismo, es decir, homogéneo en su condición de deplorable. La información es casi perfecta: todo usuario sabe que al subir a uno de estos vehículos, su vida está en riesgo.

    Lo curioso de esta situación es que mientras más nos aproximamos al modelo más deplorable es el servicio y la pérdida social más dramática. El consumo de combustible es excesivo y la utilización de pistas por gran número de vehículos ha provocado saturación; los controles de calidad y protección del medio ambiente no se cumplen; el maltrato al consumidor es costumbre que, incluso, ya no llama la atención; los accidentes urbanos con daños graves se multiplican; en general, el costo es mayor que cualquier beneficio que pudiera existir en un sistema de estas características”[2],  donde podemos apreciar unos cincuenta empresas de transporte (en la región) y miles de consumidores del servicio, actualmente muchas de estas empresas, vienen laborando con tarifas que se igualan a su costo marginal, evidenciándose la carencia de beneficios económicos,  ósea, no  existen utilidades. Las tarifas en este sector, son tomadas del mercado, de acuerdo a lo que determina la oferta y la demanda del servicio, “La formación del precio del servicio es otro problema. Cada vez que los costos suben por el alza del combustible y otros insumos, los transportistas no pueden trasladar dicha alza al precio del pasaje urbano. El consumidor podría pensar que esto es bueno, pues el precio se mantiene. Sin embargo, ese mayor costo se traslada a una disminución de la calidad del servicio y del mantenimiento del vehículo, lo que, a la larga, lo perjudica gravemente. El transportista tampoco genera los recursos para la renovación de la unidad y el parque automotor del servicio exhibe una antigüedad que espanta. El único que gana con esto es el gobierno de turno, pues la inflación no aumenta, no se ve mellada su popularidad, e incluso lanza a su organismo de competencia a evitar una supuesta “concertación” “[3], lo que en su dinámica evidencia pérdidas económicas, por la carencia de manejo empresarial de las empresas existentes.

    Es necesario apuntar, que este sector, por lo masivo de su uso, es altamente sensible a la economía de los usuarios, razón por la que cualquier intento de elevar las tarifas, encuentra serias resistencias sociales con manifestaciones políticas, a cuya hecho se le debe el deterioro de la calidad del sistema de transporte urbano,  lo cual ha generado que el sector no tenga renovación automotriz, a pesar que la economía nacional se halla en expansión.

    “Lamentablemente, los difusores del sistema de mercado sostienen desde la década de los noventa que no se requiere de los bienes públicos que únicamente el Estado puede proporcionar (legislación, regulación, fiscalización, planificación, etc.). La miopía conceptual es de tal magnitud que se piensa que eliminando al Estado todos los problemas quedan resueltos gracias a la magia del mercado “perfecto”.

    La realidad demuestra que existen actividades económicas en las que se requiere de acción estatal intensa y donde la ausencia del Estado es consecuencia de mayores perjuicios sociales. No esperemos actuar desesperadamente como se hizo con “tolerancia cero” en transporte interprovincial, cuando los accidentes en la ciudad nos sensibilicen a todos respecto de la existencia de un problema serio en este cotidiano servicio esencial”[4].

    Muchas de las empresas de transporte urbano, trabajan a pérdida y muchas otras, si obtienen utilidades, es porque abaratan sus costos, al introducir al mercado unidades de segundo uso, ya que los retornos de capital, no son aptos para empresas con unidades nuevas.

    Según la teoría, si bien en el corto plazo, la tarifa es fijada por la oferta y demanda, en el largo plazo, la curva de oferta, tiende a ser horizontal, cualquier variación de la demanda, significa la oferta del servicio a única tarifa. Veamos algunas teorías.


    [1] El servicio de transporte al margen de las rutas a la que sirven, cumple con la homogeneidad del producto, donde incluso, varias líneas de transporte confluyen en un solo espacio.

    [2] Juan Francisco Rojas.- http://aeperu.blogspot.com

    [3] Juan Francisco Rojas.- http://aeperu.blogspot.com

    [4] Juan Francisco Rojas.- http://aeperu.blogspot.com

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