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Informacion de la Ciudad de Trujillo

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Trujillo es una de las grandes ciudades del Perú. En la actuali­dad, une al señorío tradicional de sus épocas.pasadas, un afán de progreso que se ha manifestado en los últimos años. De la prover­bial ciudad de “reposo de los caminantes”, se está transfor­mando en una gran urbe moderna e industrial, en una ver­dadera y extraordinaria explo­sión de nuevas urbanizaciones.

Si Trujillo obtuvo de la riqueza del campo que la rodea su opu­lencia y esplendor colonial y de los primeros años de la Repúbli­ca.

la acción del campo la que la mantuvo prácticamente estan­cada después, hasta algunas décadas, pues las grandes hacien­das que la rodean, al establecerse centros poblados o “rancherías” y “tambos”, donde los grandes núcleos de población obtenían todo lo imprescindible para su sustento, la vida citadina truji- llana se retrajo, el burgo, falto de rentas, se tornó soñoliento, y la ciudad continuó guardando su señorío, su ambiente grave, sereno y reposado, pero quedán­dose atrás en el febril desarrollo urbano que impone la vida moderna.

Pero últimamente se nota un gran impulso renovador, y al lado de las ventanas de reja con dibujos y remates en bella creste­ría, al lado de los pescantes des­provistos de faroles, al lado de los murallones coloniales y de los macizos portales antañones, se abren por sus cuatro costados las nuevas urbanizaciones moder­nas, con residencias y edificios, con avenidas amplias y clubs campestres.

El capital trujillano, movién­dose a través de nuevas urbaniza­ciones, ha estado construyendo en los últimos veinte años un nuevo Trujillo, al lado de los his­toriadores muros del pasado.

La Universidad, la Casa de la Cultura, el Club Central, el Club Libertad, el Seminario, el Estado Mansiche, el Aeropuerto de Huanchaco, los hospitales, la

Facultad de Medicina, sus alame­das, parques y calles siempre lim­pios, dan a Trujillo una fisono­mía de renovación y progreso.

Cuenta con balnearios elegan­tes como el de Buenos Aires y Las Delicias.

La Ciudad Antigua

Casonas e iglesias, como en todas las ciudades de origen colo­nial, son la principal riqueza de la ciudad antigua trujillana, aunque muchos de sus monumentos no son propiamente coloniales sino rezagos de los primeros años de su vida republicana, en la que los aristócratas convertidos en líde­res de la República, continuaron su tradición de lujo y de boato de otros tiempos.

Entre las casonas coloniales tiene que mencionarse en primer término la llamada Casa del Mayorazgo, bello exponente de la suntuosidad trujillana, perte­neciente en la actualidad a Don Jaime de Orbegoso Alvarado, quien la ha restaurado con toda pulcritud.

En general las casonas truj ¡lla­nas son sobrias y severas en sus fachadas, encontrándose su riqueza en los interiores, ya que la vida de aquellos tiempos se desarrollaba más en el interior de los hogares, que en público.

Entre las casonas hay que citar también a la que fue de los Mar­queses de Herrera y Valle Her­moso, en uno de los ángulos de la Plaza Principal; la de Don Luís

Fernando Ganoza, frente a la iglesia San Francisco; la de los Condes de Aranda; la del Maris­cal Orbegoso; el Palacio Arzo­bispal, muy bien restaurada; y la de la familia Urquiaga y Jacobs, frente a la Plaza.

Pero nada destaca más para el visitante que recorre la ciudad antigua, que la “sinfonía de las ventanas de reja” trujillanas, ventanas de rejas de fierro orna­mentadas profusamente, seme­jando verdaderos encajes, unas veces pintadas de negro y, la más, de blanco. Altas e imponen­tes, como canastillos luminosos en los muros sobrios de las facha­das, se abren como un dosel o se levantan como una lanza empi­nada y airosa, mostrando entre sus rejas suntuosos salones, salas  en

ruinas o patios llenos de luz y de flores.

Entre las casas republicanas no podemos dejar de nombrar a la que fuera del General Iturregui y que alberga en la actualidad al señorial Club Central.

LAS IGLESIAS

Las iglesias trujillanas refulgen de oro en sus interiores.

El templo del Carmen se consi­dera el más bello de todo Txuji- 11o. Quedó casi inservible des­pués del terremoto de 12 de Setiembre de 1759, salvándose del desastre el retablo mayor y las pinturas.

El altar mayor es una obra

maestra, con un primoroso reta­blo dorado y luminoso de franco estilo churrigueresco. Está cons­tituido por dos órdenes super­puestos, con una hermosa coro­nación con el escudo carmelita.

Entre sus preciadas reliquias figura una custoria que es un soberbio trabajo de orfebrería, elaborada en San Pedro de Yoc por el Maestro Toribio Maestre. Mide 2.11 m. Pesa en oro 24 libras y 10 castellanos y tiene de plata 207.3 marcos, según una descripción muy antigua.

La iglesia se alza sobre una pla­taforma artificial de tierra, que hace suponer la existencia de sótanos sepulcrales.

La Catedral se alza en un ángu­lo de la Plaza de Armas. Cuenta con un atrio amplísimo y una extensa escalinata. La planta actual corresponde a la reedifica­ción total realizada después de los terremotos de 1619 y 1635. El Obispo Fray Juan de la Calle Heredia terminó la obra en 1666.

Es un amplio templo con tres naves y un coro bajo finamente tallado. A la entrada, a la dere­cha, se encuentra la vieja capilla de el Sagrario que posee una her­mosa reja de madera torneada y un retablo dorado.

La iglesia de San Francisco fue erigida después del terremoto de 1759. Tiene un admirable altar mayor con un tabernáculo dorado con profusa talla plate­resca.

Cuenta con notables altares a los lados del crucero con figuras policromadas en relieve. Tiene una fuente bautismal de bronce con-una inscripción que consigna ia fecha de 1670.

La Merced es un antiquísimo templo de fachada plana y per­pendicular al antiguo Convento que aloja a La Corte. Conserva los relieves policromados de las pechinas, con episodios de la his­toria de la Orden.

La iglesia de Santa Clara tiene un altar ostentoso y dorado. Se llamaba antes Santa María de la Gracia de Santa Clara la Real. Luce un pulpito notable por sus altas figuras en relieve.

Belén, tiene un púlpito muy interesante en blanco y oro. Se levanta al lado del Hospital Belén. Guarda valiosas pinturas de la Presentación y la Circuncisión.

Santo Domingo es un templo muy amplio de tres naves de pilares dóricos.

Una inscripción reza: “Esta capilla se hizo de la limosna de los esclavos y esclavas negras de la Madre de Dios. Año 1641”. Tiene el altar mayor dedicado a Santa Rosa con pintura en verde y oro.

En San Lorenzo hay un dramá­tico Cristo Yacente. El altar mayor es muy original.

Santa Ana fue Parroquial de Indios durante la Colonia. Se afirma que fue la primera iglesia construida en Trujillo.

Muchos de los antiguos y am­plios conventos han pasado a ser convertidos en edificios públicos, así en el de La Merced funciona la Corte de Justicia, en el de La Compañía, la Universidad; en el de Santo Domingo, la Cárcel; en el de San Francisco, el Colegio de San Juan; en el San Agustín, el Mercado; y en el de Belén, el Hospital.

No se puede dejar de citar,.asi­mismo, las iglesias de los aleda­ños, como las de Mansiche, Hua- mán, Huanchaco, Moche, Pai- ján, Chocope, Simbal, etc.

“huanchaquito”, con una imagen de la Virgen del Socorro.

En Trujillo, si hay lugar que ha conservado su primacía antigua, es la amplísima Plaza Mayor, de agradable aspecto por sus cuida­dos jardines, lin el lugar en que se encontraba antes la infaltable fuente española, se yergue el monumento a la Libertad, que tantas críticas ha recibido y reci­be. Obra del escultor alemán Moeller, cuenta con formidables figuras de piedra, sobre las que se alza una columna que sostiene a una escultura de la Libertad.

La Catedral, la Municipalidad, la Prefectura, la Beneficencia, el Palacio Arzobispal y el Hotel de Turistas, se encuentran en el perímetro de la enorme plaza, por la que discurre la población día a día.

hay una plaza, la del Recreo, que es uno de los más bellos rin­cones de la ciudad antigua, lleno de poesía y de encanto.

La iglesia de Huanchaco es una iglesia amplia, construida sobre una colina, con atrio ade­lante desde el que se tiene una magnífica vista de la antiquísima caleta de pescadores huancha- queros. En su interior, en una sencilla urna, reposa a la vista de todos, al pie del altar mayor, la momia, admirablemente bien conservada, del Deán Valdivia que construyó la iglesia y que realizó obras sociales tan nota­bles, como el Reglamento de Aguas que ha regido hasta nues­tros días. Cuando murió en Man­siche en 1707 se produjeron enormes demostraciones de dolor y se dice que algunos indios tomaron su cadáver y le aplica­ron sus secreto sistema de am balsamar. De este templo sale cada cinco años la famosa y tradi­cional procesión trujillana del

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