Moray es palabra quechua, nombra a un sector territorial ocupa­do desde tiempos inmemoriales por las comunidades campesinas de Mullak’as y Misminay, al norte y a seis kilómetros de distan­cia del pueblo de Maras. El pueblo de Maras es capital del distri­to del mismo nombre, en la provincia de Urubamba, departa­mento del Cusco. Moray es un complejo arqueológico que ocupa aproximadamente treintiséis hectáreas. En lo lingüístico las pala­bras quechuas Maras y Moray son nombres propios, que al pare­cer no han sufrido deformaciones, no son formas apocopadas de otras. Tal vez la palabra Moray, tiene o tuvo algo que ver con la cosecha de maíz, que se llamaba Aymoray, o con el mes de ma­yo que también se llamaba Aymoray; o con la papa deshidratada que es moraya o moray.

Hoy día, Moray, es un complejo arqueológico, peculiar por la forma de los andenes, modulando cuatro conjuntos diferentes en magnitud, pero idénticos en estructura y proyección, cada uno ofrece un círculo en el nivel inferior, a partir del cual avan­zan hacia arriba, terrazas o andenes en forma de anillos; impre­sionante el monumento prehispánico por la magnitud de la obra, posiblemente los constructores aprovecharon depresiones natura­les del terreno, luego retiraron miles de toneladas de tierra y pie­dras, de acuerdo a un magistral plan arquitectónico y en base a su sólida organización social que les permitió utilizar miles de braceros durante muchísimos años. Allí donde había de ubicarse el círculo inferior, construyeron drenes, para el escape de las aguas producto de las precipitaciones pluviales, modulando un

sector permeable, lo que en quechua se llama socya. En la actua­lidad, no obstante la antigüedad de la obra (no menor a medio milenio), las aguas no se estancan al fondo de los embudos, de­saparecen. » •

Se llega a Moray, a partir de la ciudad del Cusco, por la carretera asfaltada que pasando por Chinchero, conduce al valle del Urubamba (o Valle Sagrado de los Incas). Cuando el viajero estando ya a la altura del kilómetro 41 al 42, dirige la mirada adelante, en profundidad, encuentra lejos, una población tendida en la suave ladera septentrional, es Maras. A la altura del kilóme­tro 44, sale por la izquierda de la vía asfaltada, una trocha carro-zable, es el ramal que en dos kilómetros nos pone en Maras. Pa­sando el pueblo se continúa la marcha y venciendo seis kilóme­tros más se está en Moray. Otra forma de llegar a este importan­te complejo arqueológico es sin tocar el pueblo de Maras, dejan­do la vía asfaltada a la altura de la aldea de Cheqerej, virando hacia la izquierda, y prosiguiendo por trocha carrozable más o menos 10 kilómetros.

Sin exageración, la zona territorial de Maras (incluido Mo­ray), la Cordillera Oriental de los Andes, y el valle del Urubamba, que corre en medio, conforman un paisaje de excepcional belle­za, multicolor capricho fisiográfico, engastado con enigmáticas construcciones precolombinas, es uno de los más hermosos del mundo. A esto se agrega la fertilidad de sus tierras-, en el margen derecho del río Urubamba o Vilcanota, se trabaja y cosecha el mejor maíz del mundo-, la meseta mareña produce alta calidad de papa, entre otros productos.

El territorio de Chinchero, T’iupampa (Tíobamba en su for­ma castellanizada), Ch’eqerej, Maras, Moray y aledaños, es una sola planicie de altura, a la izquierda y occidente del valle del Urubamba, con altitud por encima de los 3,450 m.s.n.m. Por el lado opuesto del valle, está parte de la cadena de la Cordillera Oriental de los Andes, con nevados perpetuos; encima del pueblo de Calca, luce el nevado Pitusiray; a la altura del pueblo de Uru­bamba, toma los nombres de Pumawanka y Chikón; encima y al septentrión de Ollantaytambo, se eleva majestuosamente otra punta nivea, es el nevado La Verónica y por otro nombre Waqay Willka. Todos estos nevados se divisan al mismo tiempo desde Moray, con sólo girar ligeramente la cabeza, están en sucesión, sector permeable, lo que en quechua se llama socya. En la actua­lidad, no obstante la antigüedad de la obra (no menor a medio milenio), las aguas no se estancan al fondo de los embudos, de­saparecen.

Se llega a Moray, a partir de la ciudad del Cusco, por la carretera asfaltada que pasando por Chinchero, conduce al valle del Urubamba (o Valle Sagrado de los Incas). Cuando el viajero estando ya a la altura del kilómetro 41 al 42, dirige la mirada adelante, en profundidad, encuentra lejos, una población tendida en la suave ladera septentrional, es Maras. A la altura del kilóme­tro 44, sale por la izquierda de la vía asfaltada, una trocha carrozable, es el ramal que en dos kilómetros nos pone en Maras. Pa­sando el pueblo se continúa la marcha y venciendo seis kilóme­tros más se está en Moray. Otra forma de llegar a este importan­te complejo arqueológico es sin tocar el pueblo de Maras, dejan­do la vía asfaltada a la altura de la aldea de Cheqerej, virando hacia la izquierda, y prosiguiendo por trocha carrozable más o menos 10 kilómetros.

Sin exageración, la zona territorial de Maras (incluido Mo­ray), la Cordillera Oriental de los Andes, y el valle del Urubamba, que corre en medio, conforman un paisaje de excepcional belle­za, multicolor capricho fisiográfico, engastado con enigmáticas construcciones precolombinas, es uno de los más hermosos del mundo. A esto se agrega la fertilidad de sus tierras-, en el margen derecho del río Urubamba o Vilcanota, se trabaja y cosecha el mejor maíz del mundo-, la meseta mareña produce alta calidad de papa, entre otros productos.

El territorio de Chinchero, T’iupampa (Tíobamba en su for­ma castellanizada), Ch’eqerej, Maras, Moray y aledaños, es una sola planicie de altura, a la izquierda y occidente del valle del Urubamba, con altitud por encima de los 3,450 m.s.n.m. Por el lado opuesto del valle, está parte de la cadena de la Cordillera Oriental de los Andes, con nevados perpetuos; encima del pueblo de Calca, luce el nevado Pitusiray; a la altura del pueblo de Uru­bamba, toma los nombres de Pumawanka y Chikón; encima y al septentrión de Ollantaytambo, se eleva majestuosamente otra punta nivea, es el nevado La Verónica y por otro nombre Waqay Willka. Todos estos nevados se divisan al mismo tiempo desde Moray, con sólo girar ligeramente la cabeza, están en sucesión,

son elevaciones de la misma cordillera; está "ahí nomás" "al al­cance de la mano" como dicen los lugareños. Todo el conjunto ofrece inenarrable y suprema belleza, embriagando de contento a todo viajero, que absorto se pregunta si aquello es ficción o rea­lidad.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here