El Complejo Arqueológico De Ollantaytambo

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    Las cenizas de los sacrificios previos eran lanzadas ceremonialmente en el Huatanay, en el Cuzco. El Inca ordenaba, entonces, que 200 indígenas, armados con bastones, siguieran las cenizas río abajo hasta llegar a Ollantaytambo. Su misión era retirar de las orillas cualquier rastro de ceniza que pudiese quedar atrapado. Una vez que estos hombres llegaban a Tambo, encomendaban las cenizas al río Urubamba y luego descansaban y bebían por dos días continuos antes de regresar al Cuzco (Cobo 1964 [1653]: vol. II, libro XIII, cap. XXVI, 213-214). El relato que hace Garcilaso de la Vega acerca del papel de Ollantaytambo es aún más enigmático. Cuenta Garcilaso que, cuando los reyes incas morían, sus cuerpos eran embalsamados y colocados frente a una efigie del Sol en el Qorikancha, en el Cuzco, mientras que sus visceras eran enterradas en el templo de Ollantaytambo. Dado que se conoce que las momias reales se depositaban en sus respectivos palacios y no en el Qorikancha como relata Garcilaso es más probable que se deba considerar su comentario como fantasioso.

    Cualquiera que fuese la función religiosa de Ollantaytambo, alberga numerosos centros de adoración, grandes y pequeños. El templo principal, aunque inconcluso, es el que atrae más visitantes hoy en día. Sus seis exquisitamente tallados y ensamblados monolitos (Fig. 3.11) inspiran admiración y reverencia. Este templo es solo uno de los edificios del complejo ceremonial, también llamado la Fortaleza, el cual ocupa un promontorio rocoso del cerro Bandolista, que domina el pueblo y tiene una vista del valle del Urubamba.

    En la parte superior del área principal del templo, en una depresión ubicada en el mismo promontorio, se encuentra el santuario de ‘Inkawatana. Esta pro¬visto con fuentes alimentadas por un acueducto de largo recorrido y especial¬mente construido para surtirlas de agua. Al pie de la Fortaleza, desde Manyaraki e ‘Inkamisana, se pueden encontrar, dispuestos en fila, varios santuarios cavados en la roca, caras de roca esculpidas con esmero, obras hidráulicas y otras construcciones. Otros santuarios asociados con el agua fueron construidos inmediatamente al norte de la Plaza de Manyaraki, incluyendo el llamado Templo del Agua y el famoso Baño de la Ñusta, con su fuente exquisitamente tallada.

    Se desconoce la función de la ruinas de Q’ellu Raqay, las que se encuentran al borde del abanico aluvial del río Patakancha y miran hacia el valle de Urubamba, pero como se discutirá más adelante es probable que también tuviesen un propósito ceremonial.

    Dos wak’a (lugares u objetos sagrados) se encuentran cerca del río. Una de ellas, conocida localmente como Sirenayoq, consiste de una piedra tallada, flanqueada por un muro con nichos, y es bañada por las aguas del Urubamba, cerca y debajo de la estación del tren. La otra, un gigantesco afloramiento rocoso tallado con nichos, salientes y «asientos», domina el Urubamba en el gran recodo del río, cerca de Runku Raqay, aproximadamente 700 metros río abajo de la estación del tren. Ambos santuarios debieron haber sido importantes, pues a cada uno de ellos se accede desde ‘Araqhama mediante un camino muy bien construido.

    La otra se encuentra un poco más alejada, en el lado sur, hacia Choqana. Un complejo de edificios, localizado justo al lado opuesto del camino desde la primera de las wak’a, bien pudo haber estado asociado con las ceremonias que tenían lugar. en esta roca. El complejo ha sufrido daños algunos de ellos tan severos que las plantas de muchos edificios se han perdido tanto por la caída de rocas como por la construcción de la nueva carretera. La organización de aquellas estructuras, aún distinguible, y el tamaño y número de nichos existentes sugieren un uso diferente al de una vivienda. Un peñasco tallado, similar a la wak’a cerca de Choqana, se ubica en el estrecho de Wayraqpunku, hacia el oeste.      . .

    Las prácticas religiosas incas incluían la veneración de objetos naturales no modificados por el hombre, tales como rocas, manantiales, ríos, cuevas, colinas y planicies (Niles 1987: 173). Con seguridad había muchos otros objetos y lugares sagrados en Ollantaytambo o en sus cercanías, más de los que pueden ser identificados hoy en día.

    Hay fuertes indicios de que el sistema de zeq’e no solo se limitaba al Cuzco, sino que fue usado como un principio de planificación gene¬ral aplicado a otros asentamientos incas (Polo de Ondegardo 1872 [1571]: 17-18). Sin embargo, no se conoce si el sistema de zeq’e era también parte de la parafernalia de las propiedades reales. Si tal sistema fue dispuesto en el sitio de su croquis es el consignado con el n.° 556 (Bingham Colleccion, Yale University).

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