Por el año de 1920 habitaba en Cusco Doña Martina Dolmos, quien era una mujer muy adinerada dueña de una casona ubicada en la calle Saphy, se había casado muy joven pero su esposo había fallecido víctima de un accidente de carretera quedando viuda y sin ninguna familia cerca, todo el Cusco la conocía pero aun así ella era una mujer muy solitaria, ella no pasaba desapercibida puesto que a su paso destilaba elegancia y riqueza puesto que iba bien vestida y muy enjoyada en oro. La vida solitaria de doña Martina hacia que muchos especularan sobre ella, algunos decían que había hecho un pacto con el diablo, otros decían que estaba loca puesto que cuando murió su esposo ella estaba embarazada y una vez que habia dado a luz mató al bebe y lo enterró dentro de su casa, se llegó a decir también que se había casado varias veces y ella había matado a sus esposos y solo asi había logrado su fortuna, entre otras cosas.

Los años pasaron y Doña Martina falleció a causa de un infarto, familiares llegaron desde muy lejos para darle el último adiós y por supuesto para ver el destino de sus bienes. Doña Martina fue enterrada en el cementerio de la Almudena y también se generaron muchas especulaciones al respecto, dijeron que la enterrarían junto con el esqueleto del hijito que supuestamente habia enterrado en su casa, se dijo también que la enterrarían junto con todas sus joyas y dinero entre otras cosas.

Clemente era un muchacho muy humilde de 19 años quien junto con su hermano acudieron al funeral de doña Martina atraídos por la curiosidad y lo único que vieron fue que el ataúd era muy elegante, mas no habia nada fuera de lo común.

Despues de escuchar todas las especulaciones sobre el funeral de doña Martina los jóvenes hermanos creyeron solucionar sus problemas económicos extrayendo parte de las riquezas con las cuales doña Martina había sido enterrada, es por eso que crean un plan espeluznante para ingresar al cementerio por la noche y poder extraer parte de esa riqueza de la difunta

Por la noche ambos hermanos se dirigieron al cementerio de la Almudena simulando estar borrachos y acudieron al panteonero diciendo que habían perdido a un familiar muy querido y lo invitaron a beber con ellos, en realidad ellos bebían solo agua y al panteonero le dieron cañazo, no paso mucho tiempo para que el panteonero caiga bajo los efectos del alcohol y se durmió profundamente, momento en el que los hermanos aprovechan para entrar al cementerio y sacar el ataúd en el que estaba Doña Martina, al abrirlo se llevaron una gran impresión, nada de lo que habían oído era cierto, no habían joyas, ni bebé, ni riquezas, salvo un anillo en el dedo anular derecho de la difunta (era el anillo de bodas que nunca se había quitado). A la vista de los muchachos fue lo único de valor que vieron dentro del ataúd y tenía que ser suyo, pero el cuerpo inerte tiende a hincharse como parte del proceso de descomposición, nunca pensaron que sacar un anillo de un dedo fuera tan difícil, intentaron de muchas formas pero no lo consiguieron. Clemente pensó solo en una posibilidad, mientras estaban tomando alcohol con el panteonero había visto una cierra, asi que corrió a ella y regreso directamente a cortar el dedo anular derecho de la difunta y solo asi pudieron conseguir el anillo que de seguro tendría mucho valor. Terminada la profanación, se esmeraron en dejar todo como estaba, salvo el cuerpo inerte sin el dedo anular derecho.

Nunca nadie se había enterado de lo sucedido, parecía un acto perfecto. Sin embargo Clemente comenzó a tener sueños extraños, sentía que el pecho le ajustaba mientras dormía, cada vez que caminaba por la calle sentía que alguien lo perseguía, escuchaba voces, pues de seguro era la conciencia que lo estaba atormentando. No pudo mas y un dia decidio volver al cementerio para pedir perdón, una vez que llegó a la puerta le entró el remordimiento y vió que el templo de la Almudena estaba abierto y en la puerta había una anciana pidiendo limosna, Clemente pensaba “Ojalá tuviera la suerte de esa anciana, pide limosna pero al menos tiene la conciencia tranquila”. Tomó valor y entró al mismo lugar en el que Doña Martina fue sepultada y le pidió perdón por lo que había cometido, dijo estar arrepentido y que estaba dispuesto a hacer lo que fuese por saldar ese error. De alguna manera Clemente comenzó a sentir tranquilidad en su alma después de esa visita, al salir del cementerio se dio cuenta que estaba oscureciendo y a punto de llover, vio que el Templo ya estaba cerrado y la anciana de la puerta no podía pararse para escapar de la lluvia, Clemente no dudó en acudir en su ayuda y le ofreció su mano para que se ponga de pie, la anciana estira su mano derecha sujetándose muy fuerte de la mano del muchacho y en eso los ojos de Clemente parecían salir de su órbita pues la anciana NO tenía el dedo anular, su espanto creció cuando la anciana le dijo “Devuelveme mi anillo por favor”.

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