Por increíble que parezca la minería ilegal ha prácticamente erradicado la pobreza en Madre de Dios y este ejemplo nos permite entender que el crecimiento económico e incluso, hasta cierto punto, la reducción de la pobreza, son indicadores muy limitados si queremos evaluar el nivel de bienestar de la población. Entre 1980 y el 2008 el Ministerio de Energía y Minas otorgó más de 1900 concesiones mineras en Madre de Dios, en territorios de comunidades nativas y/o en zonas sensibles donde nunca debió otorgarlas. Este fue el inicio del desastre ambiental que todos conocemos.

Por décadas, grandes empresas peruanas y extranjeras le vendieron maquinaria a los mineros ilegales de Madre de Dios, la economía local crecía y miles de personas de lugares tan distantes como La Libertad, migraron a las nefastas minas de oro en la selva amazónica.
Madre de Dios es una metáfora del Perú, de ese crecimiento desordenado y contaminante. Como ya lo hemos sustentado, el río Rímac está también contaminado, pero en este caso, principalmente por la mediana minería formal a la que el Estado tampoco quiere fiscalizar.
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El TPP busca, en esencia, debilitar aún más al Estado, su sistema judicial y su capacidad -la poca que le queda- para legislar por el bienestar general. El principio que está detrás es que el crecimiento económico y bienestar de las empresas conlleva necesariamente al de la población….pero sabemos que tal causalidad está en función de toda una seria de condicionantes como por ejemplo un sistema judicial sólido e independiente, precisamente lo que el TPP evita al facultar a las empresas a recurrir a cortes privadas de arbitraje para demandar a los Estados cuando alguna normativa no les guste. El TPP profundiza todos nuestros males y por unos centavos (0.7% de crecimiento en nuestras exportaciones según ha calculado el Banco Mundial) se supone que debemos aceptarlo. Nosotros creemos que no.

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