El Templo de la Compañía de Jesús, ubicado en el lado sureste de la Plaza de Armas de Cusco, posee la fachada más bella de todas las iglesias de la ciudad. En este terreno se encontraba el palacio más grande de la capital inca, Amarucancha, el cual pertenecía al Inca Huayna Cápac.

Años después, el terreno fue comprado a los herederos de Pizarro por Diego de Silva y donado a los Jesuitas a su llegada a la ciudad de Cusco. Es allí donde, en 1571, iniciaron la construcción de su primer templo. Hay una anécdota interesante acerca del templo jesuita. Se dice que en su diseño inicial, el arquitecto la hizo más alta que la Catedral de Cusco. Cuando el clero se enteró, estalló en cólera. No era concebible que una iglesia fuese más alta que la catedral misma. Entonces, le restaron algunos metros para que no opacase en altura a la catedral.

La Iglesia de la Compañía de Jesús, en su interior, posee una sola nave donde resalta al fondo el imponente altar mayor tallado con estilo híbrido en cedro y completamente dorado con hojas de oro.

Mide 21 metros de altura por 12 de ancho y en la porción central del altar se halla la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción, más arriba un lienzo representando la Transfiguración de Jesús. La nave principal ostenta además un transepto que comunica con las dos capillas laterales, seis altares con diversos estilos y un púlpito totalmente dorado; hacia los costados del altar mayor se hallan otros 4 altares de cedro, tres de ellos dorados y bastante ostentosos.

Exhibe una colección de arte religioso de época colonial, como pinturas, esculturas y tallas en madera y maguey, así como mobiliario eclesial. Destaca en la colección el lienzo del “Matrimonio de Martín de Loyola con la Ñusta Beatriz Clara Coya” y el lienzo del “Señor de Burgos”.

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