Iglesias y Conventos de Lima: Iglesia de la merced

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Tan antiguos como la ciudad son el Convento y el templo de La Merced, situados en pleno centro de Lima, en el Jirón de la Unión, en donde destaca la monumental portada de la igle­sia, considerada como una de las más logradas obras de arte en su género.

Entre 1607 y 1615 se levantó el monumental templo que conoce­mos, construidos, no se sabe por qué, con una sola torre, que se ve chata y desproporcionada a la magnitud de su arquitectura. Es probable que haya sido parcial­mente restaurada después del terremoto de 1746, época en que también se construyó la notable portada de piedra que adorna el frontis. La mencionada portada de piedra, considerada como una reliquia histórica artística de gran calidad estética, fue fabri­cada en una calidad especial de granito blando, original de Pana­má, que traían como lastre los galeones que venía a cargar minerales en el Callao. Esa por­tada, tan fina y artísticamente tallada en tres cuerpos que sobre­pasaban la altura del frontispicio, se construyó utilizando piedra gris y rosada, formando una bella combinación que no presentan otros templos de Lima. Sus retor­cidas columnas son un ejemplo del esplendor del barroquismo. Se entra a la iglesia por una bóveda en arco rebajado y de gran amplitud que precede la imponente y elegante arquitec­tura de tres naves, con sus muros y arcos profusamente decorados con almohadillados y modillones al estilo predominante en ese tiempo. El altar mayor es menos recargado que otros, pero de líneas muy elegantes y completa­mente dorado al fuego. En la parte central destaca la imagen de la Virgen de las Mercedes, Patrona de las Armas del Perú, que ostenta un artístico cetro de oro y las más altas condecoracio­nes militares, así como otras dis­tinciones, entre ellas el título de Maríscala. Los altares y las numerosas imágenes que hay en elllos son inigualables joyas del arte virreinal, así conio los cua­dros que se conservan en sus muros.

Al pie del altar de la capilla de la Comunión están enterrados los restos del Padre Urraca, muerto en olor de santidad y ante cuya cruz de penitencia, colo­cada a la entrada del templo, oran diariamente cientos de per­sonas que desfilan por el lugar dfesde muy temprano.

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