La Selva Baja peruana

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En el lejano Este del Perú, allá donde concluyen las últimas estribaciones de la Cordillera de los Andes.se inicia la región de la Selva Baja, el gran llano amazónico, la floresta gigantesca e indomable, la región de los ríos—mares (el Amazonas, el Ucayali, el Marañón, el Urubamba, el Madre de Dios, el Ñapo, el Putumayo, etc.) que representa cerca del 50 o/o del territorio nacional.

En esta selva de gigantescos bosques vírgenes, no hay caminos. Mejor dicho, los caminos son los ríos, que abren las puertas del Perú hacia el Atlántico, pues los barcos de gran calado ingresan por el Amazonas—el río más caudaloso del mundo— hasta el puerto de Iquitos, capital del Departamento de Loreto, el más extenso del país.

Y son los ríos también los que abren las perspectivas a la agricultura, pues en la época de estiaje quedan grandes áreas fecundadas por las crecientes.

La industria ganadera tiene notables proyecciones, debido a que se conjugan dos elementos importantes: área extensa y una mayor capacidad productiva unitaria comparada con la Sierra. Mas este desarrollo está sujeto a un lento proceso de adaptación de la población ganadera, a la inversión de grandes capitales y a las posibilidades de transporte a los principales centros de consumo.

La que está desarrollando espectacularmente y con un incalculable porvenir, es la industria maderera. Más de 40 millones de hectáreas de bosques con infinidad de maderas —inclusive las llamadas “maderas preciosas”— permanecen prácticamente casi intocadas, pues se calcula que solamente 600 mil hectáreas están en explotación en la actualidad.

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