El Cementerio de la Almudena y la Cultura de la Muerte en el Cusco

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“la muerte es la nada, el límite, la no existencia ontológica…la eliminación de rasgos y anulación, desaparición de la vida y el devenir”. Para tratar de comprender este misterioso hecho, se elaboran complejos sistemas simbólicos que no son otros que los rituales funerarios.

En cuanto símbolo, la muerte es el fenómeno perecedero… y destructor de la existencia. No obstante, la concepción que se tenga de la muerte será distinta en cada cultura. Así en la civilización occidental, la vida y muerte representan eventos que se niegan el uno al otro, mientras que las culturas andinas y en particular en la Cultura Inca; Morir, representaba un viaje de una vida a otra vida. Ese viaje era difícil y necesitaba ayuda; el «camaqen» o espíritu del difunto necesitaba de un perro negro, que según la creencia podía ver en la oscuridad de ese camino y podía guiarlo. El otro mundo variaba en ubicación según las etnias, algunos creían que estaban en las cumbres nevadas (los mitos del Apu Salcantay o del Apu Ausangate a donde viajan “los espíritus de los fallecidos” serian recuerdos nemotécnicos de aquello), otros que estaban en campos floridos.

Se tenía la creencia de que en el otro mundo los seres humanos continuaban agrupándose en ayllus, y de que por ser tan grande el número de difuntos el espacio y las tierras de cultivo eran insuficientes, por esa razón enviaban al difunto con objetos que satisficieran sus necesidades.

Los incas creían que la vida continuaba después de la muerte, así que vivían despreocupados acerca de la muerte ya que pensaban que solo era un pasaje hacia la otra vida y solo pensaban que morían cuando el cadáver no estaba completo o quemado.

Como creían que continuaba la vida después de la muerte, enterraban a sus muertos con muchos objetos, donde resaltan: amuletos, ídolos, santuarios, morada confortable y un ajuar adecuado para afrontar la nueva vida que les esperaba y entre la comida que depositaban estaba el maíz.

Si no encontraban la comodidad que ellos esperaban, los difuntos volvían a arrastrar el alma de algún pariente para no sentirse solo (es por eso que en muchas familias tradicionales se guarda mucho respeto por el fallecido, y esperan que con “el” no se inicie la secuencia de decesos, “que no se lleve a nadie”).

Los difuntos eran sometidos a un proceso de embalsamamiento parcial y el clima ayudaba a que no se descompongan, eran colocados en posición fetal.

Los incas pensaban que para tener un buen bienestar en el ayllu dependería de la buena conservación de sus muertos (antepasados) y estos visitaban a sus muertos por lo menos una vez al año. Ellos celebraban la fiesta de los difuntos, que en quechua es “Aya Marcay Quilla”, y que se caracterizaba porque bailaban con el difunto que estaba en andas, les ofrecían de comer y beber,  y después del ritual se les devolvía a sus “Pucullos”, con animales y objetos.

Entre los rituales funerarios Incas, existía el ritual conocido como Purucaya, “Puru ccayan, un llanto común por la muerte del Inca”, se celebraba al año de su fallecimiento. La última vez que se realizó en Cusco este ritual fue tras la muerte de Cristóbal Paullo Inca.

En España y por ende en sus “colonias” fue costumbre enterrar a los difuntos en las iglesias (en las famosas “Catacumbas”, ubicados en los sótanos de las iglesias). Hasta que el año 1773 se prohibió esta práctica. Carlos III  en 1787 ordeno la erección de Cementerios en los Extramuros de las Ciudades. Carlos IV, en 1804, dictó varias medidas para activar la construcción de los cementerios extramuros. El rito y las ceremonias de la bendición de cementerios o campos santos corresponden al Obispo, quien delega a veces en el párroco u otro sacerdote de jurisdicción o dignidad.

EL CEMENTERIO DE LA ALMUDENA.

La parte frontal se construyó con pedazos del templo y convento de San Agustín, que fuera destruido por orden de Agustín Gamarra. En sus muros se observan huellas de bala, pues, antiguamente fue utilizado como un paredón de fusilamiento.

El Cementerio de la Almudena, es uno de los más antiguos del Perú, su construcción se inició en 1846 (el cementerio de Lima, el “Presbítero Maestro” data de 1808) durante el gobierno de Ramón Castilla, siendo Prefecto del Cusco el General José Medina.

Nuestra cultura es un crisol de costumbres y creencias que se mezclan y confunden entre sí, donde a pesar de los años de adoctrinamiento y conversión religiosa aún se mantienen “vivas” algunas de las más añejas costumbres andinas.

Esto es solo la parte introductoria, los invito a ver el video enlazado y leer los demás textos descriptivos para entender más aún.

Recopilación, edición y Publicación por Puccaponcho PaucarRuna copyright © CUSCO -2014 El Cementerio de la Almudena y la Cultura de la Muerte en el Cusco

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