Qué es la agricultura migratoria

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    Hay varias definiciones de la agricultura migratoria. La que más se emplea la define como cualquier sistema agrícola en el cual se desbrozan los campos (generalmente con fuego) y se cultivan por períodos cortos, luego de los cuales los suelos descansan (Conklin 1957). Con el avance del enfoque agroecosistémico y su concepto totalizante que ubica a los sistemas agrícolas como parte de un «ecosistema natural» mayor, se ha reconceptualizado la agricultura migratoria. El planteamiento del agroecosistema procura integrar «la multiplicidad de factores que afectan a los sistemas de cultivo» (Gliessman 1985:18). Si bien muchos estudios anteriores describían al sistema de corta y roza como esencialmente estable, en su esencia, y proporcionaban una lista de sus atributos, trabajos más recientes basados en el enfoque del agroecosistema han destacado la práctica de corta y quema/barbecho como parte de una estrategia global de subsistencia que responde con flexibilidad a las tensiones, a medida que va cambiando el entorno social, económico y natural (Gliessman 1985, Altieri et al. 1973).

    Reflejando este criterio dinámico, una definición más reciente de la agricultura migratoria es: «una estrategia de manejo de los recursos mediante la cual el agricultor se traslada de un campo a otro a fin de explotar la energía y el cúmulo de nutrientes del complejo vegetación natural-suelo del futuro terreno» (McGrath 1987: 223). El énfasis en la estrategia y dinámica del agroecosistema hace de la agricultura migratoria «no un sistema de cultivo estático ni necesariamente estable», -;no un sistema que se adapta flexiblemente al cambio (McGrath 1987: 223).

    Los cultivos migratorios, vistos como una estrategia que puede ser flexible para responder a cambios de condiciones en base a una relación continua con otros sistemas agrícolas (que podrían diferir en la duración del período de barbecho y del cultivo, las técnicas de manejo, etc.), pasan de un sistema agrícola a otro como respuesta al cambio de condiciones (Beckerman 1987; Boserup 1965; Raintree y Warner 1986).

    Como estrategia de subsistencia, la agricultura migratoria no ha gozado de la aprobación de muchos gobiernos y organismos internacionales. Se lave como un desperdicio de tierras y recursos humanos y como una causa primordial de la erosión y deterioro de los suelos. Cuando se valora al bosque solamente en función de la madera, sí parece antieconómico desbrozar un bosque, utilizar al campo rozado y quemado durante uno o dos años para luego pasar a otro tramo del bosque (Grinnell 1977; Arca 1987). El meollo del asunto no es la tala del bosque, que los silvicultores realizan continuamente, sino la quema de los árboles. La preocupación no es la mantención (la no alteración) del bosque sino, mas bien, quién se beneficiará de su desaparición. Para los gobiernos, a todo nivel, la quema practicada por los pequeños agricultores es considerada como un uso incorrecto de los recursos.

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